La misión se va arraigando: ir y volver, aprender y enseñar
Sagrario Rollán comparte su experiencia de misión en Guinea Ecuatorial, un camino de encuentro e inculturación en el que cada regreso trae nuevos aprendizajes

Desde hace cuatro años paso el primer trimestre escolar en Malabo. Cuando llegué por vez primera escribí sobre nuevos bosques y nuevos aprendizajes. Entre tanto he ido y he vuelto varias veces, también he pasado en dos ocasiones varias semanas al final del verano con las Hermanas dominicas de la Congregación de Santo Domingo en Camerún. Ellas regentan
el hospital San Martín de Porres en Yaoundé.
En este tiempo y a la altura de los años, el trabajo de la docencia funcionarial queda atrás, después que la jubilación se abriera con la aventura de la selva de Perú, la misión se renueva cada año.
Estoy de vuelta a Malabo, pronto retomaremos el curso y trataremos de implementar los proyectos que venimos realizando de cara a la identidad africana, con el objetivo de encontrar los conceptos en que los adolescentes guineanos puedan decirse en su propio color, en su piel, en su propia lengua y en sus habilidades. No siguiendo los modelos que hace tiempo les exportó la colonización. Justamente el día 12 de octubre ha sido el día de la independencia de Guinea. Cada vez que vuelvo busco indagar en esa su identidad, su historia, su lenguaje, que no es sólo el idioma… Ritos, costumbres, maneras sentir religioso. Conceptos sociales y existenciales.
Valga este apunte, mientras estoy esperando el avión, para compartir con todos los seguidores de Selvas mi experiencia de misión como una experiencia de inculturación y autocrítica de la cultura propia. Ir y volver, aprender y enseñar. Pero sobre todo aprender, aprender cada vez mucho más de lo que puedo enseñar, recibir mucho más de lo que puedo dar. Por eso quiero dar las gracias a los dominicos de la parroquia de Santa Maravillas, en especial al Padre Roberto, que siempre me recibe con los brazos abiertos y el espíritu dispuesto para nuevas propuestas, gracias a la comunidad de las Hermanas dominicas que regentan el hospital de Yaoundé, gracias a los enfermos y enfermeros con los que rezamos y compartimos las heridas de la vida, gracias a los niños que se dejan abrazar, a la gente del barrio que me saluda y me sonríe, como una vecina más.
Gracias a Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas que hizo posible el comienzo de esta aventura.
Sagrario Rollán


