Manda un Bizum al 01976

El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Promesa de nuevos bosques y nuevos aprendizajes

Sagrario Rollán voluntaria en la misión de Malabo, nos cuenta sus primeras impresiones de una Iglesia llena de Vida y Esperanza junto a su vuelta a la aulas, dónde tiene mucho que enseñar y seguir aprendiendo.

Inicio de catequesis en Malabo

Al cabo de una semana de la llegada a Malabo trataré de perfilar algunas pinceladas de mi experiencia inicial, sensaciones tan sorprendentes como intensas.

Esta misión es la culminación de un deseo de volver a salir largamente cultivado, después de haber regresado de mi primera misión en la selva de Perú, y de que distintas circunstancias no hicieran viable la vuelta al mismo Perú.

Atardecer GuineaPienso ahora en lo que ha sido la espera, y veo que ha valido inmensamente la pena el cambio de rumbo de América a África. Me viene a la mente aquella frase de Elías cuando esperaba al Señor y el Señor estaba en la brisa. Escribo estas líneas mientras contemplo el bello atardecer desde la casa de los dominicos en la parroquia de Santa Maravillas, aquí entre la complejidad y la confusión de tantas y tantas impresiones, ruidos, colores, sensaciones físicas de bochorno, la lluvia, el viento, la música que se escucha a todas horas por doquier entre las calles llenas de tiendecillas.
 
 Llegamos, Lourdes y yo, el domingo 24 de madrugada. Nos instalamos provisionalmente, pues Lourdes habría de ir por la tarde a su destino que es el orfanato, desayunamos y descansamos un poco.  A las 10:30 de la mañana bajamos a misa, y fue una explosión de júbilo, una maravilla la llegada, entrando en los atrios del Señor como en los salmos, con esta celebración repleta de gente, particularmente jóvenes y niños, los dos coros cantando y balanceándose al ritmo de la brisa y la música. Danza sagrada de vida.
Coro Santa Maravillas de Jesús 
Ya por la tarde fuimos a llevar a Lourdes al orfanato, que es donde ella va a ocuparse de los más pequeños. Allí pude observar un hervidero de vitalidad, pero también en aquellos patios se percibía la vulnerabilidad y la necesidad enorme de cuidados.
 
La tercera estampa es la que se enmarca en el colegio el lunes por la mañana. Fray Roberto me condujo al colegio Claret y me fue presentando a algunos compañeros y a algunos grupos de bachillerato con la idea de empezar las clases hacia la mitad de la semana.  Un encuentro especialmente emocionante, habiendo dedicado más de 30 años a la educación.Sagrario y Teresa en el colegio ClaretVolver a las aulas fue como volver a repasar con otro colorido y otros aires y otras voces los “claros del bosque” en el decir de María Zambrano en su evocación de aquellas donde escucharía a sus maestros. Para mí después de algunos años de jubilación el regreso a las aulas en este lugar tan alejado, tan extraño y tan hermoso fue como una promesa de nuevos bosques y nuevos aprendizajes. Ya he empezado las clases, me contenta mucho descubrir la vitalidad y el hambre de saber, un deseo de conocimiento impregnado de respeto. Estos adolescentes y jóvenes guineanos me devuelven la esperanza en la educación.

Por lo demás cada mañana se inicia como en la llegada, cantando laudes con las mujeres que abren la iglesia muy temprano. Cuando pían los primeros pájaros insulares y cantan los gallos ellas, “las martas”, ya están allí.  Organizando a los catecúmenos MalaboEl recinto de la parroquia es un verdadero hogar, la iglesia en el centro, ante mi terraza, sobre el horizonte de las palmeras. Así es el templo, como en las lecturas de esta semana que nos invitan a construirlo, el templo, hermoso ámbito de acogida, de celebración, de edificación del Reino.
Pasados los ajetreos de la mañana, de aula en aula, conociendo y confundiendo los nombres de alumnos y grupos, visitando la sede de la Universidad donde también iniciaremos cursos la semana próxima, después de todo este ajetreo, como digo, y de algunas visitas que hemos hecho por la ciudad, llega el momento de volver a casa, comida y reposo. Por la tarde se despliega el tiempo mágico, de tranquilidad, lectura, contemplación, sentada en la terraza en una esquina donde corre un poquito de brisa, los atardeceres de nubes cambiantes sobre el horizonte más allá, donde detrás de las palmeras se adivina el mar, despiertan en mi corazón paz y agradecimiento.
 
Sagrario Rollán