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El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Unas manos dispuestas a servir en el corazón de La Habana

Aylín y Edu comparten su oficio de peluqueros con las personas mayores y más vulnerables de su comunidad parroquial

Aylín y Edu Cuba - peluquería - vedado 4

«¿Por qué el amor no entiende de esperas?». Con esta pregunta, la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús del Vedado, en La Habana (Cuba), comparte y agradece una iniciativa que habla de solidaridad, compromiso y fraternidad.

Una vez al mes, Aylín, peluquera que trabaja a domicilio,, acude a la parroquia de los dominicos con sus productos y herramientas para atender a las personas mayores y a quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad. A su lado está Edu, su compañero de trabajo, que se ha sumado a esta iniciativa para ofrecer también su tiempo y sus conocimientos.

aylin-y-edu-cuba-peluqueria-vedado-3-noticia_imagenAmbos ponen su oficio de peluquería y barbería al servicio de quienes más lo necesitan. Dedican parte de su tiempo a cuidar de otras personas, sin esperar nada a cambio, convencidos de que aquello que saben hacer también puede contribuir al bienestar de los demás.

La misión se hace presente cuando ponemos nuestros dones al servicio de los demás y reconocemos en cada persona a un hermano o una hermana. También cuando comprendemos que servir no siempre requiere grandes recursos, sino disponibilidad, cercanía y voluntad de compartir lo que somos y tenemos.

aylin-y-edu-cuba-peluqueria-vedado-5-normalLa iniciativa de Aylín y Edu nos recuerda que el Evangelio se anuncia también a través del cuidado y la entrega con quienes más lo necesitan. Acompañar y dedicar tiempo a los demás son maneras concretas de vivir la fraternidad y hacer presente el amor de Dios en la vida cotidiana.

Desde la parroquia del Vedado agradecen a quienes colaboran en esta labor con unas palabras que expresan el sentido profundo de su compromiso: «Servir. Servir más y mejor. Porque la medida del amor es un amor sin medida».

Una invitación que resuena más allá de La Habana y nos interpela a todos: poner nuestros talentos al servicio de los demás es una manera de vivir la misión.

Porque, como nos recuerdan los misioneros dominicos en Cuba, el amor no entiende de esperas.