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El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Misión en clave dominicana: Santo Domingo como inspiración

Fr. Manuel Uña, OP, comparte cómo el carisma dominicano ha marcado su vida y su servicio misionero en Cuba

Fr. Manuel, Fr. Celio

Santo Domingo de Guzmán nació en Caleruega (Burgos, España) en 1170. Supo estar atento, escuchar las llamadas y responder a los desafíos de su época de una forma original y creativa. Fue un hombre itinerante que recorrió los caminos de Europa, despertándose en él el sueño de predicar el amor de Dios con la fuerza de la palabra, con la pobreza de vida y con el testimonio de la luz de la verdad.

El Señor encendió en Domingo una llama que ha perdurado más allá del tiempo y de las vicisitudes históricas. La Orden, por él fundada, es heredera de este carisma apostólico que busca llevar la verdad del Evangelio mediante la predicación, elfr-manuel-una-op-leon-normalestudio, la oración y la vida en comunidad.

Permítanme compartirles algunas de mis experiencias, vividas junto a un pueblo que conquistó mi corazón y con el que tuve la dicha de caminar durante casi treinta años.

La primera vez que visité Cuba lo hice como Provincial, en febrero de 1986. Me encontré con una Iglesia pobre, pequeña, pero feliz de predicar el Evangelio. Mucho me sorprendió el testimonio de su vida sencilla.

Así, se fue despertando la llamada a sumarme a esta misión. En mi última visita a la Isla, en el año 1993, me entrevisté con el Dr. José Felipe Carneado, jefe en aquel momento de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Había desarrollado una buena relación con él y conversando le comenté: ‘Acabo de hablar con monseñor Faustino, al que he manifestado mi deseo de venir a Cuba al finalizar mi servicio como provincial’. Sonriendo, me comentó el mal momento por mí elegido, pues se iniciaba el período especial, con muchas carencias en todos los campos. Yo también le devolví una sonrisa, a la vez que le entregaba una carta con la petición y le comenté:

‘yo vengo, pero es Dios quien me trae, así se lo diré al nuevo provincial que salga elegido’.

Unos meses más tarde, recibí una carta donde se me notificaba que había sido aceptado para entrar al país. De esta forma, llegué al convento de San Juan de Letrán, en La Habana, el 15 de octubre de 1993. Estábamos en apagón, en pleno período especial, y los jóvenes me regalaron una linternita, que conservo como un sacramental, al tiempo que me dijeron: ‘Padre, esto no alumbra mucho pero sirve para iluminar’.

Letrán ha sido una comunidad en camino, que ha ido descubriendo la ‘riqueza de la pobreza del no saber’ y se ha sentido forzada a preguntar.

Una mañana del año 1994, como hacíamos cada martes, los frailes nos reunimos para orar, reflexionar, dialogar. Allí surgió la gran interrogante: ‘¿Lo que hacemos responde a lo que somos?, ¿podemos hacer algo que no hacemos, aunque esto implique tener que dejar algo de lo que estamos haciendo?’. Aquí nos quedamos aquella mañana. Sentimos la necesidad de orar, discernir y tomar alguna decisión. Fue así como nació la necesidad de crear un espacio de encuentro, reflexión y reconciliación.

Comenzamos a dar los primeros pasos para acondicionar el antiguo teatro del convento, sumido en un profundo silencio desde hacía décadas. Lo visualizábamos como un Aula donde se impartirían conferencias, para un público variopinto, sediento de cultura y valores.
Algunas personas se sumaron para hacer realidad nuestro sueño, fundándose el Aula Fr. Bartolomé de las Casas el 30 de marzo de 1995.

“Nos vemos en Letrán” era la expresión de los jóvenes, al despedirse después de cada conferencia. Muy acertada estuvo la frase del P. Antonio Rodríguez, rector del Seminario en aquel entonces, al definir este sitio como “Casa Cuba”, Alma Mater con sus brazos abiertos para recibir, escuchar y valorar a todos.

visita-san-juan-pablo-ii-cuba-1998-iglesiacubanaorg-noticia_imagenY llegó el año 1998, que no pudo comenzar mejor. El 21 de enero, el papa San Juan Pablo II arribaba a La Habana, estremeciéndonos con su invitación: “Que el mundo se abra a Cuba y que Cuba se abra al mundo”.

En la tarde del día 23 de enero fui invitado como Prior de la comunidad de frailes Predicadores para estar presente en el Aula Magna de la Universidad y escuchar las palabras que su Santidad dirigiría al mundo de la Cultura.

Me sentí sorprendido por el lugar donde me colocaron: primera fila a la izquierda. Pasados unos minutos me levanté y acudí al jefe de Protocolo para rogarle me ubicase en un sitio más discreto. Me sentí escuchado y con suma amabilidad me dijo: “Padre Manuel, ¿no fueron los dominicos los fundadores de la Universidad de La Habana?”. “Así es”, le respondí. Y añadió: “Entonces ese es su sitio, a su izquierda irá la Conferencia Episcopal Cubana y a la derecha, al otro lado del pasillo central, el Sr. presidente con el Gobierno de la Nación”.

Escuché con atención las palabras del Papa refiriéndose al escudo de la Orden que se conserva en esta Universidad, fundada por los dominicos el 5 de enero de 1728 y secularizada desde 1842: “Recuerden que la antorcha que aparece en el escudo de esta casa de estudios no es solo memoria, sino también proyecto”.

¿Cómo quedar impávidos ante este nuevo programa de acción pastoral? En comunidad, volvimos a preguntarnos qué más podíamos ofrecer.

Y meses después se abrió el Centro Fr. Bartolomé de las Casas, con la misma filosofía del Aula, como un espacio abierto a todos, donde se impartiría educación complementaria.

centro-fray-bartolome-de-las-casas-la-habana-cuba-noticia_imagenMás tarde, se remodeló la biblioteca y se reparó el templo. Todo se hizo con claridad, no en la clandestinidad, contando con el apoyo de la Iglesia, de la Orden, de las autoridades, de personas y entidades generosas, creyentes y no creyentes.

El Centro y el Aula son una plataforma de formación y cultura, pero sobre todo de diálogo con el mundo universitario y con toda persona que ame y busque la verdad. De esta manera, los dominicos en Cuba intentamos ejercer el servicio de acompañar al pueblo desde un ministerio de verdad, tratando de crear espacios de admisión y diálogo que integren las diferencias. Apostamos por un horizonte nuevo, que abra espacios para una sociedad mejor que incluya a todos y en donde todos puedan ser partícipes y creadores de su propio destino.

fr-manuel-una-misionero-en-cuba-noticia_imagenTraer a la memoria hoy estas experiencias es reconocer el aporte insustituible de cada uno, el sueño de los que han vivido antes que nosotros, el tesón de los que han estado en primera fila, sin permitir que se apagara la antorcha del carisma dominicano. Lo nuestro no es ser repetidores, sino recrear aquí y ahora la riqueza del Espíritu que nos ha sido dado.

Fr. Manuel Uña Fernández, OP
La Virgen del Camino, León