Tiempo de la Creación 2026: «Agua Viva», una llamada a cuidar la vida
Una invitación a cuidar nuestra casa común

Cada año, del 1 de septiembre al 4 de octubre, cristianos de distintas tradiciones celebramos el Tiempo de la Creación, un periodo ecuménico de oración, reflexión y acción por nuestra casa común.
La propuesta de este año lleva por lema «Agua Viva» y se inspira en la visión del profeta Ezequiel (Ez 47,1-12): un agua que brota y crece hasta convertirse en un río capaz de sanar las aguas, fecundar la tierra y devolver la vida allí por donde pasa. El símbolo elegido, la «Inmersión en Agua Viva», expresa una llamada a dejarnos transformar y a participar en la renovación de la creación.
La imagen nos recuerda algo esencial: sin agua no hay vida. Pero también nos invita a mirar las condiciones que hacen posible esa vida y las consecuencias que tienen su deterioro, contaminación o escasez. En unos lugares, la falta de agua compromete la supervivencia; en otros, las inundaciones obligan a comunidades enteras a abandonar sus hogares.
Por eso, hablar del agua es también hablar de ecología integral. Las cuestiones ambientales no pueden separarse de la dignidad de las personas, el bien común y la vida de los pueblos que habitan los territorios.
Una mirada que forma parte de nuestra experiencia misionera
Esta perspectiva está profundamente vinculada a la experiencia de Misioneros Dominicos – Selvas Amazónicas. En 2021, dedicamos nuestro calendario al agua, destacando su capacidad para dar vida y su estrecha relación con la misión:
«Los pueblos de todas las latitudes buscan el agua, y se establecen a su lado. La misión que busca a los hombres en nombre de Dios, los encontrará al lado del agua y a su lado se establecerá».
La misión no acontece al margen de la realidad. Acompañar a los pueblos implica compartir su vida, conocer los territorios que habitan y comprender aquello que sostiene su presente y condiciona su futuro. Por eso, el cuidado de la creación no es una preocupación añadida a la misión, sino una dimensión inseparable del acompañamiento a las personas y comunidades.
Esta convicción aparece también en la reflexión que el dominico Fr. Roberto Ábalos, OP, recoge en el número 5 de la Revista Selvas Amazónicas, dedicado al cuidado de la casa común. Desde su experiencia pastoral en la Amazonía peruana, plantea la ecología integral desde la convivencia con las comunidades matsigenkas del Alto Urubamba y habla del «clamor de la selva y sus criaturas».
Su mirada ayuda a comprender que cuidar la Amazonía no significa únicamente proteger un espacio natural. Significa también cuidar a los pueblos que viven en ella, sus culturas, sus territorios y las condiciones que les permiten construir su propio futuro.
Cuando cuidar el territorio es cuidar la vida
Esta relación entre medioambiente, vulnerabilidad y dignidad aparece de otra manera en el Bañado Tacumbú, en Asunción, Paraguay. Situado junto al río Paraguay, el barrio ha sufrido durante décadas inundaciones periódicas que han obligado a numerosas familias a abandonar sus hogares.
Frente a esta realidad, la comunidad ha impulsado durante años procesos de organización y participación. En este camino ha sido significativa la presencia dominicana junto a CAMSAT, nacida en 1988 con la participación de vecinos, del Fr. Pedro Velasco, OP, y de profesionales voluntarios. Entre sus logros se encuentra la instalación de agua potable para mil familias y, posteriormente, su participación en los procesos vinculados a la Franja Costera Inclusiva y al Nuevo Barrio Bañado Tacumbú.
El nuevo barrio busca responder a una situación que ha condicionado durante generaciones la vida del barrio, pero también plantea la necesidad de garantizar servicios, defender derechos y asegurar la participación de la comunidad en las decisiones que afectan a su futuro.
El Bañado muestra así que el cuidado del territorio es también una cuestión de justicia, dignidad y participación comunitaria.
«Agua Viva»: una llamada a la conversión
La imagen del agua que brota en la visión de Ezequiel puede ayudarnos a comprender el sentido profundo del Tiempo de la Creación 2026. Son unas aguas que avanzan, sanan y devuelven la fertilidad a la tierra; una imagen que puede leerse también como una llamada a transformar nuestra manera de relacionarnos con Dios, con los demás y con la creación.
La ecología integral nos invita precisamente a superar una mirada fragmentada. Las heridas de la tierra tienen consecuencias sobre la vida de las personas y, de manera especial, sobre quienes viven en situaciones de mayor vulnerabilidad.
La Amazonía y el Bañado Tacumbú son realidades muy diferentes, pero ambas nos muestran una misma verdad: la vida de las personas está profundamente vinculada a los territorios que habitan.
Para Misioneros Dominicos – Selvas Amazónicas, cuidar la casa común significa también mirar la misión desde esa interdependencia: acompañar a los pueblos desde sus realidades concretas, escuchar sus necesidades, reconocer su protagonismo y caminar junto a ellos.
Este Tiempo de la Creación puede ser una oportunidad para volver la mirada hacia el agua y recordar aquello que expresábamos en nuestro calendario de 2021: por encima de su enorme fuerza, su mayor poder es su capacidad para dar vida.


