La Asunción: Una mirada de esperanza
María, signo de la plenitud a la que estamos llamados

Una mirada positiva
Quienes creemos en Cristo contemplamos la historia con una visión esencialmente optimista. Para nosotros, el destino final de la creación no será la nada o el fracaso, sino la plenitud que Dios quiere para la obra de sus manos. Es cierto que con frecuencia nos parece que el ser humano no ha aprendido nada de sus errores. Seguimos cerrando los espacios de comunión y cooperación, destruyendo la casa común, acaparando bienes en lugar de distribuirlos, cerrando los ojos ante el sufrimiento de los demás… pero al final triunfará el proyecto de vida y salvación anunciado e inaugurado por Cristo.
Un sueño posible
Esta no es una ilusión ingenua o un sueño imposible. Cristo lo dice contundentemente en la última cena: “yo he vencido al mundo” (Jn 16,33), su triunfo sobre el pecado y sobre la muerte y su glorificación a la derecha del Padre son el inicio de una dinámica de salvación que nada ni nadie podrá detener. María, que acompañó el camino de su Hijo desde el momento mismo de la encarnación hasta la efusión del Espíritu, participa del triunfo de Cristo y experimenta anticipadamente de la plenitud de vida que los fieles alcanzarán al final de los tiempos. Ella es signo e instrumento de la bienaventuranza que culminará cuando se haya “establecido la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo” (Apo 12,10).
Parte de un proceso
Además, la asunción no es un momento aislado, sino parte de un proceso. Un proceso por el cual María fue configurándose, poco a poco, con su Hijo. Ella nace y crece conociendo y creyendo en las promesas de salvación del Antiguo Testamento, acepta con valentía el reto de recibir en su vientre al Hijo de Dios, cuida de él diligente y amorosamente, lo ve partir a proclamar el Reino y también lo acompaña en algunos momentos de su misión; al principio, cuando convierte el agua en vino y al final, en el momento de la entrega total. Y sigue acompañando el camino del Señor pues permanece al lado de la Iglesia naciente. La asunción culmina esta larga historia de entrega total.
Crecer en santidad
Recordemos que ascender no solo implica despegarse del suelo e ir subiendo hacia el cielo. Implica, sobre todo, despegarse de todo lo que nos ata a los valores de este mundo e irnos elevando hacia el ser humano nuevo que encarna plenamente los ideales del Reino. Elevarnos humana, espiritual y moralmente de modo que vayamos pareciéndonos más y más a la persona perfecta: Jesús de Nazaret, en quien lo humano y lo divino conviven en perfecta armonía. No por sus propios méritos, sino por la gracia de Dios, María se eleva a la condición de mujer mueva, transfigurada por el amor misericordioso de Dios. Y adonde ella ya ha llegado, esperamos llegar también nosotros.
Fr. Luis Roberto Aguilar, OP
Sensibilización Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas
Imagen: Guido Reni, La Asunción de la Virgen, c. 1638-1639. Alte Pinakothek, Múnich. Foto: José Luiz Bernardes Ribeiro / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.


