Aprender la polifonía, hablar el lenguaje del amor
Crónica de Fr. Luis Roberto Aguilar, OP, del encuentro con el papa León XIV en el Santiago Bernabéu de Madrid

El pasado lunes 8 de junio, el papa León XIV se reunió con un gran número de fieles de las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá de Henares, en el estadio Santiago Bernabéu. Fue un encuentro festivo, lleno de emociones y profundamente significativo. Personas de las más diversas procedencias, de todas las edades y que ejercen distintos ministerios eclesiales, cantamos juntos, escuchamos poderosos testimonios y revivimos tradiciones profundamente arraigadas en la fe popular. Pero, por supuesto, el momento culminante de la noche fue el discurso del papa, que fue realmente iluminador y puede ayudarnos en el camino eclesial que seguimos recorriendo.
Utilizando mucho la metáfora del canto, dijo: “cantar es una necesidad que impregna la convivencia e interpela la cultura, la incita a permanecer abierta y en constante evolución”. Por eso invitó a la comunidad la eclesial a “aprender el arte de la polifonía”, de modo que la diversidad de voces se una en una misma melodía y nadie se quede sin participar. Y agregó “los números, los datos y los hechos no son suficientes para generar comunidad: nuestro corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las situaciones celebrando con los demás el sentido que irradian”.
También se refirió a la pastoral de las grandes ciudades y cómo tener una presencia profética en esta realidad concreta, tan compleja y desafiante. Nos invitó a preguntarnos si “lo que somos y hacemos como cristianos llega allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, o sea, a los núcleos más profundos del alma de las ciudades”. Y nos recordó que “para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera”.
En un contexto de polarización extrema y violencia creciente, me parecen muy importantes sus palabras cuando nos dijo que “hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales”. Con gran tino nos recordó que la humanidad de nuestro tiempo está constantemente “bombardeada de imágenes y palabras”, y que toda esa avalancha de información no logra calmar su “hambre de justicia y su sed de verdad”. Por eso es tan importante que, como iglesia diocesana, ofrezcamos “el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad”.
Es obra de Dios que todos y todas tengamos distintos dones y carismas y puede que sea complicado armonizar esa inmensa riqueza. Por eso es tan importante recordar que “el Espíritu es el que suscita vocaciones y las une, provocando a veces agitación, discusión, búsqueda de nuevos equilibrios”; cuando esto ocurra, nos dice el papa, “no os espantéis de todo esto, ¡disfrutadlo!”. También las complicaciones de la sinodalidad pueden ser fuente de gozo.
Al final de su discurso y después de citar las palabras de varias de las personas que compartieron su testimonio, exclamó: “¡He aquí la música del Evangelio, con su ritmo contagioso!”, insistiendo en que realmente podemos cambiar las cosas porque “la bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos”. Sus últimas palabras son un excelente cierre para una alocución breve pero profunda: “el amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa”.
Salimos del estadio habiendo experimentado la alegría del encuentro, llenos de una renovada vitalidad apostólica, enriquecidos por las palabras del sucesor de Pedro y dispuestos a intentar ese canto polifónico que es la vida misión de nuestra iglesia local.
Fr. Luis Roberto Aguilar, OP
Provincia San Vicente Ferrer de Centroamérica y colaborador de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas


