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Virgen de la Caridad del Cobre: la fe que une a Cuba

Hay imágenes que pertenecen a un santuario y otras que terminan perteneciendo a un pueblo. La Virgen de la Caridad es, para los cubanos, ambas cosas

Virgen de la Caridad del Cobre - Cuba - Trinidad

Han pasado más de cuatrocientos años desde que, en 1612, Cachita —como cariñosamente llamamos los cubanos a la Virgen de la Caridad— llegara a la bahía de Nipe. Sobre una pequeña y sencilla tabla de madera podía leerse la inscripción: «Yo soy la Virgen de la Caridad». Según la tradición recogida en la célebre Relación de Juan Moreno, la imagen fue hallada por tres hombres que navegaban en una pequeña canoa en busca de sal. Al divisar un extraño bulto flotando sobre las aguas se acercaron y descubrieron, con asombro, que se trataba de una imagen de Nuestra Señora.

Desde entonces, la historia de la Virgen de la Caridad ha quedado íntimamente ligada a la del pueblo cubano. La devoción a la imagen se extendió rápidamente por toda la isla y, con el paso del tiempo, muchos combatientes de las guerras de independencia llevaron consigo estampas e imágenes de la Virgen, encomendándose a su protección. En reconocimiento a la profunda devoción del pueblo cubano, el papa Benedicto XV la proclamó oficialmente Patrona de Cuba el 10 de mayo de 1916.

Diez años más tarde, en 1926, comenzó la campaña para construir el actual Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Bajo el lema «Cada cubano un peso», miles de fieles contribuyeron generosamente a levantar el templo que hoy se alza como la casa espiritual de todos los cubanos, dentro y fuera de la isla.

virgen-de-la-caridad-del-cobre-cuba-2-raisel-noticia_imagenLa advocación de la Virgen de la Caridad ha arraigado tan profundamente en el corazón de Cuba que prácticamente cada templo católico del país conserva una réplica de su venerada imagen. La devoción cruzó también el mar junto con quienes se vieron obligados a abandonar su patria. Cuando comenzaron los grandes éxodos hacia la Florida, un emigrante cubano llevó escondida una réplica de la Virgen para que los exiliados no se sintieran lejos de su Madre del cielo. Alrededor de aquella imagen nació con el tiempo la Ermita de la Caridad en Miami, convertida hoy en uno de los principales lugares de encuentro espiritual de la diáspora cubana.

La imagen, de pequeñas proporciones, apareció revestida con una sencilla vestimenta blanquecina. Sin embargo, el desarrollo de su iconografía hizo que el dorado pasara a ser el color predominante de su manto, evocando a la «mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies» (cf. Ap 12,1). En una de sus manos sostiene el rosario y la cruz, invitando a contemplar el misterio de la redención, mientras que con la otra presenta al Niño Jesús, recordando que toda auténtica devoción mariana conduce siempre a Cristo.

Con el paso del tiempo, la representación de los llamados «tres Juanes» pasó también a formar parte inseparable de la iconografía de la Virgen. La tradición narra que aquellos tres hombres —dos indígenas y un esclavo de origen africano— salieron en busca de sal cuando una fuerte tormenta puso en peligro sus vidas. Tras encomendarse a Dios, el mar recuperó inesperadamente la calma y, al amanecer, descubrieron flotando sobre las aguas la imagen de la Virgen con la inscripción: «Yo soy la Virgen de la Caridad». El detalle que más profundamente impresionó a los primeros testigos fue que tanto la imagen como sus vestiduras permanecían completamente secas a pesar del oleaje. Este episodio quedó inmortalizado en innumerables representaciones artísticas.

virgen-de-la-caridad-del-cobre-cuba-1-normalLos tres Juanes evocan, además, el nacimiento de la identidad cubana. En ellos muchos han visto un símbolo del «ajiaco cubano», expresión acuñada por Fernando Ortiz para describir el mestizaje cultural que dio origen a la nación. Aquella pequeña embarcación reunía a hombres de distintos orígenes, anticipando, de algún modo, el pueblo que comenzaba a formarse en la isla y que encontraría en la Virgen de la Caridad un signo de unidad y esperanza.

Pero Cachita no es solamente una imagen venerada en el nicho de un altar. Es el rostro maternal de un pueblo que, aun marcado por divisiones, migraciones y heridas históricas, sigue encontrando en ella un lugar de encuentro. Bajo su mirada desaparecen las fronteras entre quienes permanecen en la isla y quienes viven lejos de ella; todos siguen reconociéndola como Madre.

virgen-de-la-carivirgen-de-la-caridad-del-cobre-cuba-3-lester-noticia_imagenQuizá por eso el lema elegido para celebrar el cuarto centenario de su hallazgo expresaba con tanta sencillez una verdad profundamente evangélica: «La Caridad nos une». Porque la caridad no es únicamente el nombre de una advocación mariana, sino el amor mismo de Dios que, manifestado en Cristo y contemplado en María, continúa reuniendo a los hijos dispersos de un mismo pueblo.

Fray Liosdany R. Cidrón Jiménez, OP

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