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El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Mensaje de Navidad del Centro Fray Bartolomé de las Casas de La Habana, Cuba

Fr. Léster Rafael Zayas Díaz, OP escribe este mensaje dirigido a colaboradores, profesores y estudiantes del Centro

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“No se me oculta no, que es la felicidad la que no espera. Hora es de ser feliz y habrá que serlo o no serlo ya nunca”. Dulce María Loynaz. La Novia de Lázaro

Cae la tarde en el convento de Predicadores de Santo Domingo, el primero de América, y todavía si ponemos un poco de atención y afinamos los oídos podemos escuchar en el mismo corazón de sus piedras el grito de Fray Antón de Montesinos, en aquel también cuarto Domingo de Adviento. Sí, yo también he pegado el oido a esas piedras y me he dejado estremecer por aquella voz que sigue resonando hoy. ¿Acaso no son hombres? Parece escucharse todavía en mucha partes del mundo y esa pregunta mil veces hecha sigue sin respuestas adecuadas. El ¿Acaso no son hombres? Nos habla de humanidad y del mundo. Nos despierta del letargo en el que nos refugiamos para que la realidad no nos duela tanto, prefiriendo el solipsismo cartesiano de nuestros discursos sin mundo, sin realidad, sin hombres, para intentar de esta manera convencernos de que todo está bien. Y que no nos duele el mundo, que no nos desespera la injusticia y que no nos preocupa el hermano. 

Es Adviento…, el mundo aguarda y la iglesia con él. Aguardamos ávidos buenas noticias, queremos el fin de la pandemia, nos desespera que la muerte se siga saliendo con la suya, no queremos oír la sirena de las ambulancias, ni ver más el llanto desesperado de los que despiden a los suyos. Es Adviento y el mundo aguarda a que llegue un año bueno que no se parezca mucho a estos últimos. Desde este rincón del mundo donde me encuentro, mi corazón vuela a la isla hermana y a ese otro convento donde vivo, y pienso junto al adviento del mundo, el adviento de mi tierra.    

 Junto al mundo Cuba aguarda, esperamos, ¡qué palabra tan linda, esperar! La Buena Noticia para Cuba, queremos olvidar en lo profundo de la memoria y de la historia los golpes y los gritos de este año, no queremos recordar jamás el disparo que mata, ni los insultos de los repudiantes ni el oprobio e indefensión de los repudiados, queremos olvidar los juicios sumarísimos, quisiéramos borrar de nuestras calles los camiones de guerra  y los carros negros que intimidan y las gorras y las tonfas y las armas largas que se asoman para recordar de que lado está la fuerza. Queremos no tener que recordar en estos días del año que el odio y que el miedo funcionan todavía.   

¿Acaso no son hombres? sigue resonando y nos recuerda que sí, que somos todos humanos, que somos todos hermanos, que somos todos cubanos. Que en la riqueza de ser está la multiplicidad del hacer y hacemos cosas diferentes y creemos en cosas diferentes y vivimos y defendemos cosas diferentes porque al fin y al cabo somos diferentes. El ¿Acaso no son hombres? Nos dice al mismo tiempo ¿Acaso no somos hermanos? ¿Acaso es más fuerte el puño, la idea, la sinrazón que la vida del hermano? Con Cuba aguardo en el silencio de esta noche, la hora de ser feliz. De eso se trata, de ser felices en la riqueza de lo diverso y no en la mascarada de lo uniforme. De ser felices ahora en nuestro hoy y construir nuestra dicha entre todos para ahora y dejar de fabricar alegrías que no llegarán mañana porque les falta el asidero de la tierra, de lo humano, de lo real. Se trata siempre de ser feliz porque es buena la vida, porque mi hermano sigue siéndolo aunque marche en otras marchas diferentes a la mía. Se trata de ser feliz ahora y dejar serlo, no con la felicidad impuesta por decreto de quien se siente autorizado a decidir por la felicidad de todos, sino de ser feliz en el conjunto de tanta dicha construida por cada uno en su singularidad y su riqueza, haciendo posible de esta forma la felicidad de todos.

Es hora de ser feliz o no serlo ya nunca, me robo estos versos de Dulce, con ellos he llenado mi adviento y aguardo… aguardo la noche grande que se acerca y que nos regalará el día. Aguardo, de nuevo, la sencillez de esa noche que nos regala  el amor en la figura de un niño frágil e indefenso. Junto al pequeño me siento y le pido me deje cargarlo y mientras le canto una nana, pido por Cuba y por sus presos, le pregunto por Cuba y sus ancianos, le suplico por Cuba… le canto una nana que tiene muchas veces repetida la palabra Cuba y entremezclada en sus notas de mal cantante que soy, va saliendo la palabra hombre, y la palabra libertad, y la palabra reconciliación, y la palabra paz. Y de pronto, la palabra patria y cómo no, muchas veces la palabra vida y Jesús muchas veces Jesús, le digo a ese pequeño que nos trae el día. Y veo su sonrisa y sus ojos tiernos. Y escucho en lo más profundo de mi alma que la felicidad ya llega, que la noche pasa, y que este frio de ahora y este miedo a lo oscuro de ahora y la sombra siempre temida de Herodes pasará, porque no está vacío el pesebre de Cuba. Vuelvo y lo coloco sobre las finas pajas y veo el rostro de María sonriente y al bueno de José que susurra y me dice que sí que no es un sueño. 

Feliz Navidad a todos y un Próspero Año Nuevo.

Fr. Léster Rafael Zayas Díaz, OP



Mensaje publicado originalmente aquí