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El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

La Antropología de las Misiones nos habla de costumbres en los jóvenes, porque...

¿sabes algo sobre la juventud matsigenka de Koribeni?

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“Hasta los doce o catorce años es difícil distinguir los sexos entre machiguengas. Cara, cabellera, vestido y adornos son semejantes. Hay, sin embargo, un distintivo inconfundible en el escote de la cushma o túnica, porque en el varón se abre de pecho a espalda, y en la mujer, de hombro a hombro: costumbre que favorece a la modestia femenina.

Al llegar a la pubertad, el hombre se transforma y sus facciones adquieren rasgos de virilidad, que él acentúa con alimentos caprichosos: en la cabeza coloca corona de plumas vistosas, otros, un aro de madera blanco en donde pintan dibujos o símbolos. Algunos con cruces de color negro, otros canoas o loros. Dejan crecer las melenas sin orden ni concierto, y les agrada que grandes mechones caigan sobre el rostro, por entre los cuales asoman sus grandes ojos, de mirada feroz, a causa de las pinturas de achiote rojo. El rostro se les desfigura con los dibujos que se pintan. En esto, algunos son refinados, otros se dan brochazos al tuntún, y se quedan tan satisfechos.

Los collares de mil cosas en el varón suelen abandonarlos al sentirse hombre, y la mujer, al contrario, se recarga de ellos, hasta lo inverosímil. Cuando son cristianos, llevan con agrado un escapulario, medalla o rosario.

La cushma se puede recoger hasta el hombro para trabajar y también la dejan caer hasta la muñeca, ya para abrigarse, ya para defenderse de los mosquitos o del sol ardiente.

Tejen unas pulseras con hilos de algodón de diversos colores, que suelen llevar en las muñecas y algunas veces en la tibia. Es adorno y también le dan sentido de amuleto supersticioso. Hay tipos muy variados, porque algunos son más bien bajos que altos, y otros son tipos de elevada estatura y de andar muy majestuoso. Pocos hay gordos, pero si fornidos. Son imberbes y ostentan a lo más cabellos ralos en la cara. Los pies, al caminar no forman ángulo hacia fuera, sino vuelto, hasta tocarse el dedo pulgar de cada pie. Este mismo dedo pulgar no lo tienen unido al índice, sino muy separado; de suerte que, con frecuencia, lo utilizan para aprehender los objetos. Parecen tétricos y bravos y son, tratándolos, muy accesibles y cariñosos”.


La foto corresponde a Matsigenkas de Koribeni, Perú