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El Blog de Selvas Amazónicas

Volviendo a encontrarnos, bajo el signo del despertar: “Talita cumi”

Crónica del último Encuentro Misionero del curso 2020/2021. EL voluntariado de Selvas Amazónicas volvió a encontrarse de manera presencial, siempre Unidos en Misión.

Encuentro voluntariado 2021 misa

El pasado fin de semana, 26 y 27 de junio, volvimos a encontrarnos algunos integrantes de Selvas Amazónicas, encuentro presencial y tímidos abrazos con mascarilla, después de año y medio de haber visto nuestras caras solo online. La presencialidad fue, obviamente, la primera alegría. No éramos muchos, pero eso hizo quizá que el tiempo se dilatara y la comunicación fuera más estrecha. Siempre a la espera y, esta vez en la impaciencia, más o menos sostenida, de volver a salir algunos, de lanzarse por vez primera a la misión de “los lejos” otros.

 Empezamos la jornada del sábado con la oración, que habían preparado Alicia y Cesc. Un gran acierto en la elección de los textos y la música: el evangelio de Lucas nos invitaba a reflexionar sobre el buen samaritano, con el fondo musical de Taizé: “De noche iremos”. Y sentimos como, más allá de la noche sufrida por la pandemia, la compasión y el empuje renovado nos llevan a permanecer alerta en tiempos difíciles como estos. Queremos llevar la luz y empujar la aurora, con este deseo terminamos rezando en voz alta con el cardenal Newman: “Quédate en mi corazón..., llevando mi lámpara encendida para disipar las sombras..., déjame predicar tu nombre sin palabras”. Porque como canta San Juan de la Cruz, de nuevo en las voces de Taizé, “el alma que anda en amor ni cansa ni se cansa”.

 Escuchamos el testimonio conmovedor y valiente de Cristina Antolín, religiosa dominica, cirujana, misionera. Su relato de los años de misión, en Congo primero y luego en Camerún, nos hacen entrar en una dimensión profundamente mística del cuerpo de Cristo roto y herido por el mundo. Ella, que ha tenido que coser las entrañas y la piel, entre la vida y la muerte tantas veces, nos lleva a una comprensión llena de amor y alegría. Creo que nos ha convencido de que no hay sueños verdaderos imposibles, cuando nos relata la construcción del hospital en Yaoundé.

Encuentro voluntariado 2021 Belen
Llega el momento de empezar el trabajo de reflexión, análisis, cambio de impresiones, etc., todo ello bien guiado y coordinado por Belén. Carmen nos vuelve a recordar el carisma dominicano, insistiendo y destacando la importancia de la predicación, que se puede hacer, con o sin palabras, de muchas maneras. Seguidamente entramos en el discernimiento de las motivaciones. Este punto es crucial en la formación misionera. Comenzamos haciendo un repaso introspectivo sobre las motivaciones que nos impulsan a vivir una experiencia de misión. Las motivaciones forman parte del equipaje con el cual partimos, y son el motor de nuestros actos una vez nos encontramos en misión. Así que, después de una breve reflexión personal, pusimos en común entre todos, y, como cada vez que compartimos, fue una experiencia muy enriquecedora. Junto a las reflexiones de la temporalidad de nuestra tarea a realizar en la misión, se le sumaban otras acerca de la importancia de la vuelta y de la transformación de un mundo global al replantearnos nuestras acciones cotidianas, asumiendo compromisos al regresar a nuestro entorno. La sala de reuniones donde nos encontrábamos los voluntarios de Selvas Amazónicas, se llenó de pósits de colores acompañados de motivaciones personales, pero todas perseguían un objetivo común: ¿Cómo evoluciona mi implicación misionera en la transformación de un mundo goblal?

 Pausa para el almuerzo: otro modo de compartir en el patio de Atocha. En estos momentos más informales a veces también nos llegan luces e inspiraciones, cuando nos sentamos al azar con alguien que no habíamos hablado otras veces. Después del café entramos en una sesión más relajante con juegos de mimo y de palabras, así como dinámicas sobre las dificultades de la comunicación. La segunda parte de la tarde tendremos análisis de casos, curiosamente, algunos o algunas nos sentimos reflejados, en ciertas situaciones más o menos problemáticas. Nos damos cuenta de que no hay que juzgar precipitadamente, y se necesita mucha generosidad y algo de humor, para resolver conflictos, sin auto-engañarse, frustrarse o desesperarse. 

Encuentro voluntariado 2021 comida
 Finalmente preparamos las intenciones y moniciones de la misa del domingo, y ¡qué sorpresa! las lecturas vienen a entretejerse como un hilo de luz perfectamente en la trama que veníamos urdiendo a lo largo del día. Se trata del evangelio de “Talita cumi”, la niña llamada a incorporarse por Jesús, traída amorosamente de la muerte a la vida, impulsada a una juventud nueva y en pie. De modo que la mañana del domingo en la misa descubrimos y afianzamos esta resolución de levantarnos de la postración, este agradecimiento por haber sido preservados de la pamdemia. Salud, vida y generosidad se refuerzan en nosotros con un nuevo impulso. Damos gracias, al comprender, además, con la lectura del libro de la Sabiduría, que Dios no quiere la muerte, y con San Pablo, que Jesús nos ha enriquecido con su pobreza.

 Para finalizar el encuentro, nos unimos por grupos para conformar un “decálogo del voluntario”, en el cual recogimos actitudes y consejos para enfrentarnos a la misión y dejarnos atravesar por ella. Nos hizo falta poco tiempo para pasar de “decálogo” a llenar un par de hojas con conceptos tan diversos y fundamentales como la humildad, la prudencia, la importancia no tanto del hacer sino del estar y acompañar; la necesidad de cultivar las relaciones interpersonales horizontales huyendo de paternalismos y heroísmos, poner atención al autocuidado, encontrar momentos para la oración y la evaluación del día con la comunidad y con uno mismo… Así como muchas otras actitudes, que ya plasmadas y compartidas, interiorizamos para ponerlas en valor en la misión y en nuestro día a día.

 Nuestra disposición quedaría finalmente reflejada en la intención de saber descalzarse, como Moisés, poniendo nuestra atención en la sacralidad de cada tierra, cada cultura, cada pueblo por donde caminamos, cada corazón que rozamos o nos toca, donde querríamos trasponer la caricia de Dios, su toque delicado, en lugar de nuestra huella, con frecuencia agresiva, manipuladora o incluso devastadora. Y aunque este año con la pandemia no podremos salir a “los lejos” nos comprometemos al cuidado, la salud y el acompañamiento cercano en la vida cotidiana, imitando siempre la generosidad de Jesús, que ha querido enriquecernos con su pobreza.

 

Alicia y Sagrario,
voluntarias de Selvas Amazónicas