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El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Observando entre rejas

Patricia Rosety, voluntaria misionera en El Seibo, comparte su testimonio en la pastoral penitenciaria de “La Fortaleza”

Prisión La fortaleza Seybo República Dominicana Patricia Rosety

Siento que nunca me fui de El Seybo. Estoy unida desde la distancia. Son ya seis experiencias de misión como voluntaria en República Dominicana. Siempre ligada a la radio, a Radio Seybo, la radio que dirige el misionero dominico Miguel Ángel Gullón, una radio que escucha a la gente, que lucha por la dignidad y que da voz a quien no la tiene. Soy periodista y mi vidapatricia-rosety-controles-radio-seybo-2026-normal es la radio. En estas seis experiencias he visto muchos problemas, conflictos, preocupaciones, he escuchado a muchas personas y... hago muchas preguntas, preguntas para que se conozca qué pasa aquí. La radio es un servicio público, un servicio a la sociedad. Preguntas sobre problemas ajenos, vidas ajenas que tienen mucho que contar, mucho que transmitir.

Pero a veces, las preguntas son difíciles y se vuelven silenciosas. Esas preguntas silenciosas las viví cuando fui con la pastoral penitenciaria a la prisión de El Seybo, “La Fortaleza”, con nombre de película. Pero es real. Pasé por delante infinidad de veces, aunque nunca entré. Cuando vine la primera vez había cambiado la dirección del centro y los permisos para la catequesis se habían suspendido. La verdad es que nunca me preocupé, mi cometido en la radio me ocupaba, prácticamente, todo el tiempo, pero sí tenía curiosidad.

patricia-rosety-con-pastoral-penitenciaria-radio-seybo-programa-noticia_imagenEste año se dio el caso. La primera vez que entré fue a una misa organizada por la pastoral penitenciaria. Las siguientes a la catequesis. Conocía algunos de sus integrantes, tienen un espacio semanal en Radio Seybo al que me invitan cada año, y a otros los conocí ese día. Había siete reclusos de los quince que van a la catequesis habitualmente. Te saludan con amabilidad y curiosidad. Yo era nueva. Pocas palabras, muy superficiales, en las que los privados de libertad hablan lo justo y necesario. Para ellos es un regalo estar en misa o estar en la catequesis. Es un regalo salir a una estancia. Es una cárcel preparada para algo más de cien de personas y viven unas novecientas, con las consiguientes mafias donde muchos pagan para dormir en un colchón en un pasillo. Y con el calor caribeño.

Me impresionó entrar. Nunca había estado en una prisión, a pesar de que hice un curso de voluntariado para ello hace años. Entré por la puerta de la prisión, una auténtica fortaleza, sin ningún problema. Los soldados, muy amables, nos indicaron el lugar al que teníamos que ir. Saben que vamos con la pastoral penitenciaria. Una vez dentro de la sala colocamos las sillas y la mesa. Empezaron a llegar los reclusos, atravesaban el patio desde su zona de aislamiento. Sonrientes y serios a la vez. Parece que les da la vida. De los quince tres se van a bautizar en noviembre. Algunos descubren aquí la fe.

prision-fortaleza-puerta-semiabierta-patricia-rosety-noticia_imagenTe haces mil preguntas, todas las que cualquiera se pueda imaginar, te gustaría hacérselas, pero no te atreves, no te conocen. Tan sólo sonríes y hablas con ellos de pocas cosas, de lo que ellos quieran, en especial de Dios y de Jesús. Te preguntas qué les llevó allí, cualquier equivocación, premeditada o no, si se han arrepentido... tampoco hacen falta muchas palabras. Como periodista me gustaría saberlo todo, pero no fui a “La Fortaleza” a hacer un reportaje, no me lo habrían permitido, seguramente, y ellos tienen que sentirse en confianza. Observas, callas, hablas lo justo.

Desde la estancia en la que estamos, con la puerta abierta, se ven pasar detenidos, familias que salen de ver a los suyos, niños incluidos, reclusos que llevan una carretilla repleta de objetos de un lado para otro con un soldado detrás. Se ve trasiego de gente. Y bajo un sol de justicia, porque en República Dominicana hace un calor tremendo, este año más que otros.
Se nota, no llueve. Tanto calor que al llegar los soldados nos llevaban por la sombra hasta la sala. Eran las dos y media depatricia-rosety-en-radio-seybo-2026-normalla tarde y el sol caía como el plomo. Y con todo lo que ves te vuelves a preguntar muchas cosas. Cómo lo vivirán. Y lo que ves es que la mayoría sonríen y hablan de Jesús, hablan del Evangelio. También te observan y cuando te ven más de una vez quieren hablar contigo.

La pastoral penitenciaria me invitó a dar una charla. Ese viernes eran ocho. Tenían ganas de hablar, y aunque suelen hablar los mismos ese día se contagiaron y hablaron todos. Se expresaban, me preguntaban, querían saber, querían comunicarse. Uno de ellos contó que llevaba allí ocho años, y que esperaba haber salido al año. Vuelven a mi cabeza muchas preguntas, pero no las hice.

A los reclusos les da la vida ir a la catequesis. La presencia de los miembros de la pastoral penitenciaria, y del sacerdote si se da el caso, les lleva un soplo de aire fresco. No pueden salir, yo sí. Y puedo volver cada viernes mientras esté allí. Vuelvo a hacerme muchas preguntas sobre la libertad y los privados de ella.

Patricia Rosety
Voluntaria Misionera en la misión de El Seibo (República Dominicana)