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El Blog de Selvas Amazónicas

Lo que uno ve, lo que uno encuentra

Treinta y cinco jóvenes indígenas de la misión de Kirigueti se reunen en una convivencia. Los juegos, dinámicas momentos de reflexión llenaron dos días de trabajo. El esfuerzo mereció la pena

Tras la formación de profesores nos dispusimos a preparar la convivencia de jóvenes que hemos celebrado en Kirigueti. Han sido dos días, intensos, alegres y celebrativos.


El día 23 de julio recibíamos a 35 jóvenes en la misión, los veíamos discretos, silenciosos, tímidos y callados, como son ellos en un primer momento.


Esa primera noche hicimos canciones, juegos, intentamos aprender sus nombres y nos preparamos para dormir, nos esperaban dos días intensos, lo teníamos todo organizado pero nos quedaba la duda de cómo iban a responder, ¿les gustarían las dinámicas y juegos?


Nuestro primer día se organizó en torno a la idea de Marcos de "Talita cumi" que significa “Levántate y anda”. Intentamos, mediante juegos y dinámicas reflexionar sobre la necesidad de que como jóvenes tomaran las riendas de sus vidas y se levantaran contra todo aquello que no les permite crecer como personas. Terminamos nuestro agotador día con una oración. Había dos cosas que nos sorprendían, lo disponibles que son para hacer cualquier actividad, y lo tímidos que son para sonreír y para hablar. El día había resultado bien, pero como todos los jóvenes, tenían una energía y una vitalidad que agotaba toda resistencia.


El segundo día reflexionamos sobre la imagen que nos ofrece la parábola del tesoro escondido en un campo. La dinámica del día fue la misma, nuevos juegos, nuevas canciones, pruebas por equipos por todo Kirigueti para terminar celebrando una eucaristía todos juntos. Algo había cambiado, ya cantaban, se reían, hablaban y se mostraban más accesibles y risueños. Quisimos enseñarles y mostrarles el secreto de la parábola, pero el tesoro nos lo regalaron ellos con su sonrisa, sus ganas de jugar y de aprender y sus participaciones en la eucaristía. Nuestro segundo día que culminó con unos bailes todos juntos por la noche.


Nuestra tercera mañana comenzó con una oración y desde allí fuimos a despedir a los chicos que habían venido de fuera, a muchos de los cuales los íbamos a ver en Timpía.


Fueron unos días intensos, cansados, pero aprendimos que lo que vimos venir no era lo mismo que lo que habíamos encontrado. Vimos venir niños tímidos y callados, y nos encontramos con jóvenes que buscan y que necesitan una respuesta a sus vidas. Otro lugar, otra cultura, pero las mismas ganas de vivir y ser felices.