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El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Iglesia Joven

Sagrario Rollán, misionera voluntaria en Malabo no deja de sorprenderse por esta Iglesia alegre y llena de Vida

Envío de catequistas

Ya un mes en  la misión de Malabo. Parece mentira,  qué decir para dar a entender lo que significa una experiencia tan variada y compleja. Impresiones que se mezclan unas con otras, por ejemplo los cantos y la fiesta con las celebraciones litúrgicas. Los colores de los vestidos de las mujeres y las muchachas con los ornamentos sagrados. Los tocados, las trenzas, las risas, la elegancia en el porte de los jóvenes y de los cantores…
Misas MalaboDel conjunto resulta un cuadro expresionista, lleno de vida y energía, con trazos intensos y juegos de  luces en constante movimiento.
Hoy  quiero tratar de perfilar la experiencia que en el día a día de la parroquia se destaca sobre lo demás. Es la sensación esperanzada de una iglesia joven y entusiasta.
Desde los templos vacíos y tantas veces tristes de nuestras ciudades de provincias, desde las catequesis minoritarias llevadas por catequistas, sobre todo mujeres, mayores, uno se pregunta qué buscamos o qué nos falta en el camino de la fe que proseguimos, a pesar de todo, de manera más o menos perseverante, y bastante intimista por cierto. Pues damos por hecho,  que la religión, así como probablemente la moral son asuntos privados. Somos los profetas desengañados de una sociedad secularizada y cansada, que por momentos parece complacerse en su cansancio…Desde luego,  no pretendo idealizar una realidad, la iglesia de aquí, que no puedo conocer, sino muy superficialmente. Pero si creo que quiero y probablemente debo dejarme contagiar, sumergirme confiando en esta  ola de vitalidad que es como la lluvia y la tormenta lavando el paisaje: “el Señor se sienta por encima del aguacero” El sentir de la naturaleza me acompaña y me conmueve en el rezo matutino de los salmos con las Martas, más si se cantan y se bailan en aleluyas interminables. Una misa de domingo puede durar tranquilamente dos horas.
Acompañando a los catequistasMientras cientos de jóvenes se reunían en el santuario de Banapá, el sábado pasado víspera del Domund, llovía torrencialmente, mientras el obispo les hablaba de la virgen de Bisila y el significado de esta advocación mariana, un tremendo aguacero se cernía sobre la ciudad  de Malabo, y yo pensaba en la verdad de este mensaje de Isaías: “como la lluvia y la nieve al caer, tu palabra no volverá vacía”. Y tenía la sensación de que estos cientos de muchachos y muchachas en esta pequeña comunidad cristiana insular, en medio de las tormentas del Atlántico no se dejaría vencer por la adversidad de los tiempos… Al menos esta era mi plegaria, “dales la viña, Señor, ellos la cuidarán y la cantarán un canto de amor como sólo aquí saben hacer…” Con fuerza y determinación.
Catequistas Malabo 2023Vivimos tiempos recios, de guerras, de sequías, de cambio climático, pero sobre todo tiempos donde las sociedades ricas y desarrolladas se dejan morir de  solo pan,  como escribía la teóloga alemana  Dorothee Sölle, o sea de inanición espiritual. Los corazones verdaderamente se resecan porque se cierran a la fecundidad del Espíritu, buscando en tierra  extraña espiritualidades novedosas y descomprometidas de bienestar espiritual confortable.
Rugen tormentas, y entre danas y huracanes climáticos, nuestra fe es arrasada, desertamos de la esperanza en la que habíamos apoyado nuestra fe juvenil: los niños blancos rezan poco después de que murieran sus abuelas…, que los llevaron con tanto empeño al bautismo y a la comunión. Los niños blancos son escasos y únicos y mimados. Mientras aquí la danza y el canto celebran con entusiasmo, no sólo las almas recogidas en una piadosa,  pequeña, oración, sino también y sobre todo los cuerpos gráciles y ligeros de los niños y niñas que madrugan para la catequesis cada sábado a las 8 de la mañana, y  traen a sus hermanitos pequeños de la mano, y los cogen en brazos,  y los acunan cuando se cansan de la misa, porque una misa de domingo aquí puede durar, como he dicho, varias horas. Esa misa en la que terminarán moviéndose al ritmo de una interminable alabanza, o una acción de gracias por la vida la tierra y el sol…
Si algo resuena en mi corazón y me acompaña y me serena cuando me retiro por la noche agotada, es esta impresión floreciente de una iglesia joven y entusiasta.


Sagrario Rollán