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El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Día de los Abuelos: lo que aprendí acompañando a los mayores en la Amazonía peruana

Manuel Sayas, voluntario misionero, comparte la experiencia vivida junto a los ancianos de la Casa de Acogida Apaktone, en Puerto Maldonado

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Queridos amigos y compañeros de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas:

Después de casi tres meses en Puerto Maldonado ya estoy apurando los últimos días de estancia en esta región tan peculiar de la selva amazónica peruana. Esta última semana la he pasado recorriendo los ríos de la región visitando las comunidades nativas de Sonene, Puerto Pardo, Palma Real y Tipisca, con las misioneras de la Confer llevando la palabra de Dios y con mi humilde aportación sanitaria. Voy a aprovechar los últimos días que me quedan para estar con los ancianos de la Casa de acogida Apaktone, compartir con ellos y ya despedirme a la espera de poder volver próximamente.

manuel-sayas-casa-ancianos-apaktone-2-noticia_imagenLa Casa de Acogida de Ancianos Apaktone, no me gusta llamarla asilo, ha sido para mí,  una de las experiencias más bonitas de mi vida y de mi estancia en Puerto Maldonado, a donde vine por primera vez hace ya catorce años.

Por la casa Apaktone han pasado muchos ancianos. Muchos de ellos ya no están físicamente, aunque sí en mi recuerdo. Lo que más me ha gustado han sido las largas conversaciones que he mantenido con ellos, eso les encanta y les hace sentirse valorados. Que me cuenten de donde son, de sus familias. De sus azarosas vidas de trabajo y esfuerzos por salir adelante. Sus sacrificios y dificultades. Sus éxitos y frecuentes fracasos. Vidas complejas, desarraigo, cambios de lugar trabajando en cualquier cosa para sobrevivir, en las chacra, la minería, la madera.
Muchos de ellos no llegaron a formar una familia, tal vez por la falta de visión de futuro, de estudios, de fracasos en las relaciones familiares y de pareja, el alcohol,  el machismo. Muchos de ellos han llegado a la vejez sin ningún apoyo familiar y se han sentido desamparados, viejos y enfermos sin nadie que los cuidase.

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Gracias a la Casa de Acogida Apaktone aquí han encontrado un refugio seguro y amigable, en donde pasar su vejez y sus últimos años de vida, rodeados de cariño y atenciones.

Repito que lo que más me ha gustado ha sido hablar con ellos y escucharles, valorar sus esfuerzos para salir adelante en la vida, pero sin juzgar sus errores,  que en ocasiones han sido muchos.

Esta experiencia me ha ayudado a comprender mejor la naturaleza humana, sus debilidades y sus fortalezas. Comprender el dolor de sentirse solo y abandonado en la vejez.

manuel-sayas-casa-ancianos-apaktone-3-noticia_imagenA todos nos llegará esta última fase de nuestro ciclo vital, cuando el reloj de la vida esté llegando a sus ultimas horas. Dios quiera que llegado ese momento nos encontremos rodeados por las personas que nos aman, con su cariño y atenciones hasta el último momento de nuestra vida, ya sea la familia natural,  o la familia de acogida como la Casa de Acogida Apaktone de Puerto Maldonado.

Saludos a todos,  Manolo.

Manuel Sayas
Voluntario Misionero en la Misión de Puerto Maldonado, Perú

La Casa de Acogida de Ancianos Apaktone, impulsada por el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado y gestionada por Cáritas Madre de Dios, ofrece un hogar a personas mayores que han llegado a la vejez en situación de abandono, soledad o vulnerabilidad. Más que un asilo, es un espacio donde reciben alojamiento, alimentación, atención y, sobre todo, el acompañamiento humano y el cariño necesarios para vivir esta etapa de la vida con dignidad.

Misioneros Dominicos – Selvas Amazónicas colabora en el sostenimiento de este proyecto a través de su apoyo al Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, cuya labor impulsa Mons. David Martínez de Aguirre, OP.
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Su nombre rinde homenaje al dominico José Álvarez Fernández, "Apaktone", histórico misionero de la Amazonía peruana. En lengua harakbut, Apaktone significa "papá anciano", un nombre con el que los pueblos indígenas lo distinguieron por su cercanía, entrega y servicio. Hoy, la Casa continúa su legado acogiendo a quienes más necesitan sentirse escuchados, cuidados y acompañados.