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El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Del Chronos al Kairós: la Cuaresma como oportunidad de gracia

Homilía del Miércoles de Ceniza de Fray Eleandro Pérez Acuña desde Trinidad, Cuba

Fray Eleandro Miércoles de Ceniza 2026

Iniciamos hoy la Cuaresma, un camino de cuarenta días que no es una marcha fúnebre, sino una peregrinación hacia la luz de la Pascua. El gesto de la ceniza que estamos por realizar es un signo de esperanza. Al decirnos «Recuerda que eres polvo», la Iglesia no quiere humillarnos, sino recordarnos nuestra verdad fundamental somos frágiles, somos finitos, pero somos polvo en las manos del Creador.
La ceniza es el resto de lo que ha ardido. Nos recuerda que algo en nosotros debe morir, nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra desesperanza, algo en Cuba debe morir, para que el fuego del Espíritu Santo pueda encender de nuevo nuestra vida.

Escuchábamos en la primera lectura al profeta Joel hacer un llamado urgente: «Conviértanse a mí de todo corazón». En el hebreo bíblico, el corazón no es el lugar de los sentimientos pasajeros, sino el centro del pensamiento, de la voluntad y de las decisiones.

A diferencia de nuestra cultura occidental que separa la mente y la razón del corazón y los sentimientos, para el semita el corazón es el lugar donde se piensa. En hebreo no se "piensa con la cabeza" sino que se "habla en el corazón". Por tanto, cuando Joel pide la conversión del corazón, no está pidiendo una emoción religiosa o lágrimas de un momento, sino un cambio de juicio. En el contexto nuestro en Cuba esto es vital. La conversión no es sentir lástima por nuestra situación o por nuestras faltas y carencias. La conversión pasa por repensar nuestra vida desde Dios.

El corazón es entonces el lugar donde se crean los proyectos y se toman las determinaciones. Es el órgano de la libertad. Por eso, si el corazón está dividido o embotado, la persona pierde su camino. No se puede caminar hacia Dios con un corazón dividido entre la fe y el miedo, o entre la esperanza y la queja.

iglesia-parroquial-santisima-trinidad-trinidad-cuba-normalEl profeta dice «Rasguen el corazón y no las vestiduras». Era fácil en tiempos de Joel, como lo es hoy, cumplir con el rito externo, ponerse la ceniza, asistir a la liturgia, hacer un gesto de tristeza. Pero Dios no busca una actuación. Él no quiere que rompas tu ropa que ya es poca y valiosa, quiere que rompas tu muro interior. Convertirse no es cambiar de cara ante los hombres, sino cambiar de dirección ante Dios. El corazón es el único lugar donde somos verdaderamente libres, y es ahí donde Dios quiere encontrarnos hoy. Necesitamos pasar de una religión de apariencias a una fe de encuentros, encuentro con Dios y con los hermanos.

Por su parte, San Pablo, en su segunda carta a los Corintios, nos dice algo que traducido al español no podemos captar bien en su esencia. Por medio de él Dios nos dice «En el tiempo favorable te escuché». En griego hay dos palabras para expresar el tiempo. Pablo no usa la palabra chronos, esto es el tiempo del reloj, del calendario, el que se mide y se consume. Es el tiempo que pasa y nos envejece. Es el tiempo de la espera que desespera, de la cola interminable, el que mide cuánto dura un apagón o cuántos años llevamos de sufrimiento y represión. Sin embargo San Pablo no habla de este tiempo sino que utiliza el Kairós, este es el tiempo de la oportunidad de Dios. Es el tiempo cualitativo. Es el momento oportuno, es el momento en la historia donde sucede algo trascendental. No se mide por su duración, sino por su contenido. Es el tiempo de Dios irrumpiendo en nuestro tiempo humano.

Hermanos, el reloj, el Chronos, nos dice que estamos en una crisis larga; pero la fe y el Kairós nos dicen que hoy es el día en que Dios quiere hacer algo nuevo en ti. No esperes a que cambien las circunstancias externas para convertirte. El Kairos es precisamente la capacidad de Dios de transformarnos dentro de las circunstancias.

Por eso la Cuaresma que hoy iniciamos no son simplemente 40 días. eso sería solo Chronos. La Cuaresma es un Kairós colectivo. Es un tiempo de gracia y no de trámite. Si vivimos la Cuaresma como algo que "toca" cada año, nos quedamos en el Chronos. Si la vivimos como la oportunidad única de este 2026 para que Dios sane nuestro corazón, entramos en el Kairós. Pero esto requiere discernimiento. Hay que estar atentos para ver pasar a Dios. En medio de las cenizas de nuestra realidad cotidiana, el tiempo de Dios es esa voz que nos dice «Hoy puedes empezar de nuevo». Como decía el profeta Joel: «Todavía es tiempo». Todavía es tiempo de amar, todavía es tiempo de reconstruir todo desde abajo.

Pero ¿cómo lograr esto? El Evangelio de Mateo, nos pone frente a la «Justicia del Reino». Jesús nos propone tres pilares y nos advierte contra el vicio de la hipocresía

  • La Limosna: Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha. Es el ejercicio de la caridad sin cámaras, sin buscar el aplauso. Es dar para que el otro crezca, no para que nosotros brillemos.
  • La Oración: En la cultura del ruido y de la exposición constante en redes sociales, la Cuaresma nos invita al silencio y la oración. Jesús insiste «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». En una realidad donde a veces nos sentimos vigilados o juzgados, la fe nos devuelve nuestra libertad más profunda. En nuestro interior, ahí donde nadie puede entrar, es donde mantenemos viva nuestra dignidad de hijos de Dios. La Cuaresma nos invita a cuidar ese espacio sagrado. Que la falta de luz material no nos apague la luz de la oración. Que el cansancio del cuerpo no nos robe la paz del espíritu. Dios nos ve en lo secreto de nuestros, en el esfuerzo silencioso de cada madre y cada trabajador, y Él conoce la verdad de nuestro sacrificio.
  • El Ayuno: La verdad es que en Cuba para muchos el ayuno viene impuesto por las circunstancias. Por eso, nuestro ayuno debe dar un paso más, debemos pasar del ayuno forzado al ayuno solidario. El ayuno que agrada a Dios hoy no es pasar hambre por cumplir un rito, sino privarnos voluntariamente de algo para que otro tenga un poco más. Es el ayuno de la queja amarga para ofrecer la palabra que consuela. Es compartir el medicamento, el plato de comida con el vecino que está solo, el tiempo con el anciano que no tiene a nadie. Ayunar en Cuba hoy es vencer el egoísmo para vivir la caridad. Si nuestro ayuno no se convierte en limosna, en ayuda concreta al hermano, es solo una dieta espiritual vacía.

Queridos hermanos, que la ceniza que recibiremos no sea una mancha de suciedad, sino un sello de propiedad. Pertenecemos a Dios. Que este camino cuaresmal nos lleve a una Pascua de verdadera resurrección para nuestras familias y para nuestra patria.

Fray Eleandro Pérez, OP
Desde la Misión de Trinidad, Cuba