Cuaresma Misionera: la oración que nace del amor y del clamor de los pobres
La oración es entrar en diálogo con Dios y con el dolor y la esperanza de quienes más lo necesitan

En este tiempo de Cuaresma la Iglesia nos invita a fortalecer tres prácticas piadosas que debemos realizar en todo tiempo: el ayuno, la oración y la solidaridad.
La oración no es repetición mecánica de fórmulas aprendidas, ni palabrería inútil que no dice nada. No es sucedáneo sentimental y emotivo de la verdadera experiencia espiritual. La oración es quedarme a solas con el único capaz de llenar los vacíos del alma.
Oramos cuando entramos en diálogo con el Dios del amor. Esto significa que la comunicación se realiza en las dos direcciones y que no siempre implica palabras. A veces las lágrimas o un abrazo dicen más que mil palabras. A veces la presencia del Amado solo nos hace sonreír con elma.
Orar es también unirse al clamor de los pobres, reclamar con ellos el pan, la paz, el respeto y la justicia. Es arrancar del suelo un grito que sube a las alturas pidiendo vida en plenitud, no las sobras de la buena vida de los satisfechos, sino la parte de bienestar que, en justicia, le corresponde a cada hijo e hija de Dios.
Cuando oramos desde el amor a Dios y al prójimo, la oración se vuelve fecunda.
Esta reflexión forma parte de la serie Cuaresma misionera, dedicada a las tres prácticas que la Iglesia propone en este tiempo: ayuno, oración y solidaridad.


