Manda un Bizum al 01976

El Blog de Misioneros Dominicos - Selvas Amazónicas

Un corazón que se entrega en silencio

Reflexión de Fr. Cecilio A. Molina este Jueves Santo sobre la entrega del sacerdote

Fray Cecilio abrazando RD

Hoy pensamos en el sacerdote…
pero no solo en lo que hace, sino en lo que vive por dentro.

Detrás de cada misa, de cada homilía, de cada consejo…
hay un hombre que un día escuchó la voz de Jesucristo y decidió seguirlo.

Un hombre que dijo “sí” …
sin saber todo lo que ese “sí” le iba a pedir.

Ser sacerdote es hermoso…
pero no es fácil.

Es levantarse cada día con el deseo de servir,
aunque el cuerpo esté cansado y el corazón, a veces, cargado.

Es escuchar a muchos…
y no siempre tener a alguien que lo escuche a él.

Es acompañar el dolor de otros,
mientras guarda en silencio sus propias luchas.

Hay momentos en que el sacerdote sonríe…
pero por dentro está agotado.

Momentos en que anima…
pero necesita ser animado.

Momentos en que habla de Dios…
mientras busca también sentirlo en medio de su propia sequedad.

Y aun así… permanece.

Permanece cuando no lo entienden.
Permanece cuando lo critican.
Permanece cuando siente el peso de la soledad.

Permanece… porque sabe que no se pertenece a sí mismo,
sino a Aquel que lo llamó.

fr-cecilio-molina-normalY en medio de todo, hay una esperanza que no se apaga.

La esperanza de ver una vida transformada.
La alegría de un joven que regresa a Dios.
La paz de una persona reconciliada.
La fuerza que nace en cada Eucaristía.

Son pequeñas luces…
pero suficientes para seguir adelante.

Hoy, más que mirar al sacerdote como alguien que siempre debe estar fuerte,
quizás necesitamos mirarlo con más humanidad.

Ver en él no solo al ministro…
sino al hombre.

Un hombre que también necesita:
comprensión, cercanía, oración.

Tal vez hoy la mejor manera de agradecerle no sea solo con palabras…
sino con gestos sencillos:
orar por él,
escucharlo,
acompañarlo,
valorar su entrega.

Porque al final, el sacerdote no es perfecto…
pero ha decidido amar con lo que es y con lo que tiene.

Y eso, en un mundo que muchas veces huye del compromiso,
ya es un testimonio inmenso.

Que nunca olvidemos que detrás del sacerdote…
hay un corazón que se cansa,
que lucha,
que espera…

pero que, a pesar de todo,
sigue diciendo cada día: “Señor, aquí estoy”.

Fr. Cecilio A. Molina 
Desde la Misión de Santiago de los Caballeros, República Dominicana