El amor y la amistad en la luz de la fe
Reflexión de Fr. Cecilio Molina desde la predicación y la vida fraterna sobre el amor que conduce a Dios

Hablar del amor y la amistad no es abordar un tema sentimental, sino entrar en el corazón mismo del cristianismo. Lafe no nace de una idea abstracta, sino de un encuentro: el encuentro con un Dios que es amor y que nos llama amigos.
La Primera Carta de Juan lo expresa con radicalidad: “Dios es amor” (1 Jn 4,8). No dice que Dios tiene amor, sino que es amor. Por tanto, amar no es simplemente un acto moral; es participar de la vida misma de Dios. Cuando amamos verdaderamente, entramos en comunión con el misterio trinitario.
Amor: vocación y misión
Jesús resume toda la ley en el doble mandamiento: amar a Dios y amar al prójimo (Mt 22,37-39). El amor es el criterio definitivo de autenticidad cristiana. Sin amor, incluso la ortodoxia se vuelve estéril; con amor, la vida ordinaria se vuelve sagrada.
En mi misión como fraile dominico aquí en Santiago de los Caballeros, comprendo que predicar no es solo enseñar verdades, sino comunicar el amor que fundamenta esas verdades. La tradición dominicana une contemplación y predicación: contemplar y dar a los demás lo contemplado. Y lo que contemplamos en Cristo es el amor que se entrega hasta el extremo.
La amistad: rostro humano del amor
El Evangelio de Juan recoge una expresión conmovedora de Jesús:
“Ya no los llamo siervos… los llamo amigos” (Jn 15,15).
Cristo no solo nos salva; nos introduce en una relación de amistad. La amistad cristiana no es superficial ni utilitaria. Es comunión de vida, confianza, fidelidad y entrega.
En nuestra realidad concreta de Santiago —con sus luces y sombras, sus desafíos sociales, sus búsquedas espirituales— la amistad se convierte en un espacio privilegiado de evangelización. Muchas personas no se acercan primero por un discurso doctrinal, sino por una experiencia de cercanía, escucha y fraternidad.
La amistad auténtica prepara el corazón para la verdad.
Amor y verdad: dimensión dominicana
Como hijo de Santo Domingo, estoy llamado a anunciar la verdad. Pero la verdad cristiana no se impone; se propone desde el amor. La caridad y la verdad no se oponen: se necesitan mutuamente.
Un amor sin verdad se vuelve sentimentalismo.
Una verdad sin amor se vuelve dureza.
La misión dominicana en esta ciudad consiste en iluminar las inteligencias y encender los corazones. Amar implica formar, acompañar, corregir con misericordia y caminar con el otro.
Desafíos actuales
Vivimos en una cultura donde la palabra “amor” se desgasta fácilmente y la amistad se reduce a conexión digital. Sin embargo, el corazón humano sigue buscando relaciones auténticas.
La fe nos recuerda que:
- Amar es querer el bien del otro.
- La amistad verdadera implica reciprocidad y crecimiento.
- Toda relación que nos aleja de Dios necesita purificación.
- La amistad que conduce a Dios se convierte en camino de santidad.
Una misión de comunión
En la vida comunitaria dominicana aprendemos que el amor no es idealismo, sino ejercicio cotidiano de paciencia, perdón y fraternidad. Desde esa experiencia, la predicación adquiere credibilidad.
Aquí, en Santiago de los Caballeros, mi misión no es solo enseñar teología, sino testimoniar que es posible vivir el amor cristiano en medio de las realidades concretas de nuestra sociedad: en la parroquia, en el aula, en el acompañamiento espiritual, en la cercanía con los jóvenes y las familias.
El amor es el fundamento; la amistad es su expresión concreta; la fe es su luz.
Cristo nos revela que el amor no es debilidad, sino fuerza transformadora. Y cuando la amistad está iluminada por la fe, se convierte en anticipo del Reino.
Comofraile dominico, mi misión es recordar con la palabra y con la vida que el ser humano fue creado para amar y ser amado, y que en Cristo encontramos la amistad que no falla y el amor que no termina.
Fray Cecilio A. Molina Ramos, OP.
Desde la Misión de Santiago de los Caballeros, República Dominicana
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