Me encontré con El Seibo en estado puro
¿Dónde está la justicia? Nos invita a reflexionar nuestra voluntaria misionera Patricia Rosety

En estado puro me encontré El Seybo en mi última experiencia de voluntariado misionero. Fui cinco veces y puedo decir que la quinta fue la más auténtica. Y lo fue porque viví los problemas de primera mano, no hizo falta que me los contase nadie. Estuve al lado de los afectados, aprendiendo con ellos y, sobre todo, aprendiendo de ellos. Auténticas lecciones de vida que no nos podemos imaginar. No daba crédito a lo que estaba pasando. Cientos de policías, por orden de alguien con poder, no se sabe quién, dejaron sin casa, sin humildes viviendas, a más de sesenta familias. De madrugada, prohibido por ley, sin aviso, sin preguntar, con la fuerza de las excavadoras y sin piedad, destruyeron las viviendas de estas familias que tuvieron que salir corriendo y ver cómo sus hogares se reducían a escombros, con la iglesia incluida. De puro milagro no murió nadie.
Una experiencia que me ha marcado. Me marcó allí, y todavía la tengo dentro de mí tras mi regreso. Llegué a la misión tres días después de este terrible suceso, en septiembre pasado, y desde el minuto uno, junto al misionero dominico Fr. Miguel Ángel Gullón, me dediqué a acompañar a estas familias, con personas de cualquier edad. Como periodista que soy cogía mi micrófono todos los días y me acercaba a Los Solares, en el barrio de Villa Guerrero, para acompañar y entrevistar a los afectados. Entrevistas para Radio Seybo, la radio que dirige el Padre Miguel Ángel, y también para COPE, emisora en la que trabajo. Con esas charlas, con esas entrevistas, se crearon lazos de confianza, de cercanía, momentos de alegría, de desahogo, de aliento y, sobre todo, de esperanza. Esperanza que sabe contagiar el misionero Gullón, la única persona que está su lado. A estas alturas ninguna autoridad se ha acercado a estas familias para darles una explicación, para ofrecerles una solución. Como me cuenta otro misionero, “ser pobre en República Dominicana parece que es un delito”.

En Radio Seybo la programación era casi monográfica, no podía ser de otra manera. Había gran expectación, dentro y fuera, cuando el alcalde, Leo Francis Zorrilla, acudió para ser entrevistado. Allí estuve en el estudio junto a Evangelista Mota y Mario José. Muchas preguntas pero ninguna respuesta. El alcalde, síndico como lo llaman allí, no respondió a nada, no quiso decir nada sobre los desalojos por más que le preguntamos. No los censuró.
Días después, se organizó una “Caminata por la Dignidad” para apoyar a las familias, pero las autoridades se quedaron encerradas en sus despachos y delante de los edificios oficiales colocaron a muchos agentes de policía, pero muchos, y bien armados. Lo bueno fue que la gente se unió y se vivió un bonito clima de solidaridad. Puedo dar fe de ello. Durante todo el camino lo comprobé al hablar con muchas personas en la retransmisión de la marcha en directo por el Facebook de Radio Seybo junto a los profesionales de esta radio misionera. Un clima de solidaridad tan bonito, decía el Padre Miguel Ángel, como el que se vive en las peregrinaciones a la capital, a Santo Domingo, al Palacio Nacional, con los campesinos de El Seybo para reivindicar sus tierras, las que les arrebataron en 2018, como decimos aquí, por el artículo 14. En 2016 hubo otros desalojos que llegaron hasta la ONU gracias a los dominicos.

Los desalojos siguen en El Seybo. Cuando escribo estas líneas está muy reciente la detención de Miguel Ángel Gullón por intentar frenar el de una familia que llevaba treinta y cinco años en su casa. Desalojo ordenado por el Fiscal, sin autorización del juez, el mismo que ordenó de viva voz la detención de nuestro misionero. Detenido, esposado y conducido a comisaría. Tres horas. Luego quedó en libertad. Es muy serio y muy grave privar de libertad de esta manera. Alguien debería explicar la detención. El pueblo de El Seybo se unió para defender a Miguel Ángel y se armó un gran revuelo, sobre todo, en las redes. Muchos seybanos me llamaron para contármelo, incluidos los desalojados en septiembre. Quiero agradecerles la cercanía y el cariño, lo mismo que yo les tengo. Son los lazos que se crean con la convivencia, la buena convivencia. Y con la sintonía por la dignidad, como reza el lema de Radio Seybo.
El Seybo, al este de República Dominicana, es una tierra preciosa, con una gente maravillosa a la que le cuesta mucho sacar su vida adelante. Es una provincia pobre, y no lo sería si se repartiesen mejor sus recursos, como en otras partes del mundo. Parece que hablar de El Seybo es sinónimo de desalojos, desalojos arbitrarios. Es una lucha continua por la dignidad, por los derechos humanos. ¿Dónde está la Justicia?
Patricia Rosety
Voluntaria Misionera


