Habitaciones interiores: La misión en el Hospital San Martín de Porres
Sagrario nos comparte su testimonio misionero desde Yaundé, Camerún, en su doble misión que después la llevará con los frailes dominicos a Malabo

La novedad del lugar, la novedad del proyecto misionero… además esta vez hay que hablar otra lengua.
Doble misión: acabo de empezar mi primer mes en Camerún, primera vez que piso el continente africano. Después volveré a la isla de Bioko, para reemprender la misión de Malabo. Estoy con las Dominicas de la Congregación de Santo Domingo. A raíz del testimonio misionero de la hermana Cristina Antolín relatado en los encuentros de Misioneros Dominicos – Selvas Amazónicas en Madrid, pero también de una cierta inquietud por la antropología y la psicología africanas, que se va enriqueciendo con mis estancias en Malabo y ahora en Camerún, de donde proceden lecturas y estudios a los que dedico gran parte de mi tiempo cuando regreso a casa en invierno. Tenía ganas de hacer una incursión en el ámbito de la psicología que es, aparte de la docencia, mi primera formación y dónde mejor que en este gran hospital de Yaundé. De modo que aquí estoy, destinada a la sección de cuidados paliativos en el gran hospital de San Martín de Porres.Vivo con la comunidad de las hermanas, pues ahora no hay voluntarios en la casa de verano. Empezando cada día a las 6 con la oración de laudes se ilumina el ánimo y se fortalece la voluntad. Desde la mañana temprano la oración y los cantos nos abrazan. Después desayunamos y a las 7:30 h ya estamos en el hospital. De nuevo en el hospital rezamos brevemente, se hace un encuentro comunitario en la sala, tanto los profesionales como el personal. Cada grupo de especialistas se saluda y se dirige a su sección. Es un hospital muy grande, donde hay muchos servicios de consulta ambulatoria, pero también hospitalización, neonatología, partos, pediatría, cirugía, etc.
El primer día me presentaron a algunas hermanas y a varios profesionales. Una hermana me hizo la visita guiada de todo el hospital, explicándome cada una de las secciones y cómo se trabajaba. Esto nos llevó aproximadamente una hora y media, para que os hagáis idea de la envergadura de este centro sanitario.
Después de haber hecho la visita me enviaron a la sección asignada que es la de cuidados paliativos para hacer acompañamiento a las personas que se encuentran allí ingresadas, o en procesos de quimioterapia. Conocí al psicólogo, al médico y a las enfermeras y enfermeros. Una vez que me hubieron explicado el funcionamiento de este servicio, referente y pionero en África, y que me presentaron a algunos enfermos, habiendo sido informada también de la situación en que se encontraban me enviaron (sola) a emprender las visitas por las habitaciones de San Rafael, hermoso nombre para un pasillo donde afrontar la ruta de la enfermedad, tal vez la curación, tal vez la muerte. Habitaciones interiores de lucha y paciencia, de introspección existencial. De esperanza, de resiliencia y de deseo.
Experiencia de interiores para mí, porque, así como la misión en general significa salir, alejarse, ir a las periferias de la geografía humana, normalmente lejos y fuera. Ahora es distinto, esta misión empieza como una exploración de interioridades: física, psíquica, espiritual, un acercamiento a las habitaciones interiores que lo son, no solo cuanto al espacio donde están los enfermos, sino porque cada persona en sí misma, sus silencios, sus miedos, sus sueños rotos y los insomnios consiguientes, construyen su habitación interior, el drama que les habita. Su pequeña vida puesta a prueba, su corazón en combate, su dolor inexpresable, la enfermedad y la huella indeleble, huella que construye y apuntala estos espacios precarios, vulnerables desde los que su vida biológica se encuentra en riesgo.Todo esto es para mí una gracia que recibo con el corazón encogido y la sonrisa que ilumina en mi inquietud la generosidad y paciencia de la acogida, cuando me reciben, su fuerza interior ejemplar, su dejarse entrar, querer, abrazar…
Estuve tres días haciendo con bastante libertad y según mi propia iniciativa el seguimiento, una vez que se me había presentado a las personas de cada habitación, un acompañamiento bastante intuitivo, “donde el corazón te lleve”, junto a los enfermos y sus familias charlando, preguntando, a veces riendo, por qué no.
El viernes fue una jornada especialmente enriquecedora pues empezamos como ellos suelen hacer con una puesta al día en la sección, información y revisión de los enfermos, la gente que está ingresada, los que llegan para la quimio, pero no pernoctan, etc. Después el enfermero que empezó siendo mi guía me envió con el psicólogo para que él me indicara y me diera algunas instrucciones sobre el modo de llevar las entrevistas con los familiares, y así les acompañara también, en losprocesos de duelo y de afrontamiento de la enfermedad, que es tan delicado.
Así llevo una semana intensa aprendiendo, a estar, a entender, a construir las habitaciones interiores, a apuntalar el corazón doliente y el espíritu abierto a la gracia de Dios. Porque aquí la vida ama la Vida, no desfallecer hasta el último aliento. Así la oración, no solo de petición de curación, sino de aceptación de la voluntad de Dios está muy presente. Cada mañana soy enriquecida con estos encuentros, cada tarde, cantando Vísperas con las hermanas, doy gracias y traigo ante el Señor tantos nombres, rostros y anhelos, cerrando el día con el Magníficat.
Sagrario Rollán
Voluntaria Misionera en Yaundé, Camerún