¡Donde Cristo perdió el gorro!... en Shintuya


7 de agosto 0 comentarios

La expresión popular “donde Cristo perdió el gorro” significa “en un lugar muy lejano”. Creo que he encontrado ese lugar, la misión de Shintuya en Perú.

Salíamos a eso de las 11 de la mañana, acompañados por Rafa, aquel asturiano de los primeros días, hacia una furgoneta convertida en minibús con las maletas apiladas encima del techo. Afortunadamente, nos reservaron los dos mejores sitios de la furgoneta, el 4 y el 5, justo detrás del conductor. Comenzamos nuestro viaje como cuando un niño abre un regalo nuevo, con una tremenda ilusión. Las primeras horas fueron, francamente, un descubrimiento a cada kilómetro. El paisaje era impresionante: vegetación, altos árboles, caminos sobre la montaña. Era, realmente, algo digno de vivir. El único problema es que el viaje se alargaba más y más en el tiempo. Parecía que no llegaríamos nunca a nuestro destino final, pero llegamos, después de más de 8 horas en aquella furgoneta conseguimos alcanzar el poblado de Salvación, donde nos esperaba el padre César Luis y una profesora del internado llamada Candi. Desde Salvación, viajamos durante dos horas a Shintuya, dos horas que nos parecieron un paseo corto. Atravesamos varios tramos de río; todos ellos, por suerte, con bajo caudal de agua hasta llegar al internado, a la misión. Cuando llegamos un conjunto de niños, unos treinta aproximadamente, salieron a ayudarnos y a saludarnos. Fue en ese momento cuando comencé a comprender qué es eso de la misión. En la misión de Shintuya hay un internado y un centro escolar, la llevan Cesar L. Llanas OP y Pedro J. Rey OP. El primero se encarga, además de la misión, de visitar Salvación y un puñado de comunidades rurales y Pedro lleva la misión, Manu y unas cuantas comunidades donde sólo se puede acceder por el río. ¿Cuál es su misión? La educación y la evangelización en los lugares donde no llega nadie, en la periferia, casi del mundo, porque no me imagino un lugar más lejano que Shintuya. Y hasta allí llegaron los dominicos. Al día siguiente recorrimos el poblado, ninguna casa (o casi ninguna) estaba construida con materias nobles (ladrillo, cemento, etc.) sino con madera, si es que estaba construida y terminada. No conté ni 3 casas completamente terminadas. Durante tres días Cesar y Pedro nos contaron sus realidades, sus denuncias continuas de las injusticias, sobre todo, con las comunidades nativas no contactadas. Nos enseñaron cómo habían construido la misión, sus historias, su vida dada por los demás en un lugar lejano a su hogar. Nos contaron cómo había cambiado todo.

Al tercer día de estar allí marchamos en dirección Cusco para viajar a Puerto Maldonado a encontrarnos con Monseñor David, César, Mariela, pero eso será otra historia.

Por cierto, Shintuya está tan lejos que la electricidad sólo llega 3 horas. Nos vemos en Puerto Maldonado.

 


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