Inmigración y trata, realidades de la Amazonía que no pueden ser olvidadas


4 de septiembre 0 comentarios

La trata puede ser definida como la esclavitud moderna. En ese sentido, como reconocía Eurides Alves de Oliveira, de la Red un Grito por la Vida, es necesario "ponerse en el lugar del otro, de quien es víctima o está en riesgo de trata". No podemos olvidar que esta es una realidad cada vez más presente en la Amazonia, donde las víctimas y rutas aumentan de manera exponencial. La trata en la región, según recordaba Roselei Bertoldo, se concreta en la desaparición de niños y adolescentes, el trabajo esclavo, la explotación sexual y la servidumbre doméstica. Por eso, es necesario buscar mecanismos de enfrentamiento que den visibilidad y denuncien ese tipo de crimen, un trabajo que debe ser desarrollado en red.

Una de las regiones de la Amazonia brasileña donde estas problemáticas están más presentes es Roraima, puerta de entrada de los inmigrantes venezolanos en el país. En el seminario, Mons. Mario Antonio da Silva, obispo de Roraima y Presidente del Regional Norte 1 de la CNBB, subrayó que "es hora de insistir en la incidencia política, de esparcir lo que discutimos aquí. Estar aquí es un privilegio, salir de aquí un compromiso ". El obispo insistía en la necesidad de implicar en este tipo de problemáticas a sus colegas obispos.

El relato de situaciones presentes en la región, exige una posición como Iglesia ante la explotación sexual sufrida por muchas víctimas, especialmente mujeres, adolescentes y niños. Es el caso de São Gabriel da Cachoeira, donde la impunidad está presente, como quedó demostrado en la llamada "operación cunhantán", que detuvo a varios sospechosos de explotación sexual, estuvieron en prisión por un tiempo y hoy, después de cinco años, esperan el juicio en libertad. En cuanto eso, algunas niñas y personas que denunciaron el caso, tuvieron que salir de la ciudad bajo amenazas.

En lo que hace referencia a la migración, la socióloga Márcia de Oliveira, Profesora de la Universidad Federal de Roraima - UFRR, destacaba que América Latina es la región con mayor número de inmigrantes y que en la Amazonia están surgiendo nuevas rutas migratorias. Frente a la ausencia de fronteras para mercancías, aumentan cada vez más los mecanismos que impiden la migración de las personas, lo que provoca el aumento de la migración ilegal, favoreciendo los distintos tipos de explotación, una práctica histórica en Brasil, sobre todo en lo que hace referencia al mundo del trabajo. De hecho, en Brasil, según la profesora, no existen políticas migratorias y, al mismo tiempo, crece la xenofobia, que se manifiesta en agresiones físicas, en los medios y en las redes sociales, una práctica cada vez más común con los venezolanos.

La reflexión explícita sobre migración y tráfico humano está presente en la vida de la Iglesia desde la década de 1950, pero se ha animado decisivamente con la llegada y escritos del Papa Francisco, que poco después de iniciar su pontificado hizo un viaje a Lampedusa que pasará a la historia. En su reflexión, Mons. Evaristo Spengler, obispo de la Prelatura de Marajó y miembro de la Comisión Especial de Pastoral de Enfrentamiento al Tráfico Humano - CEPEETH de la CNBB, insistía en el concepto de "globalización de la indiferencia", que va borrando la sensibilidad con el prójimo, pues la sociedad perdió la capacidad de compadecerse.

El obispo de Marajó reflexionaba sobre actitudes presentes dentro de la Iglesia, que lleva a algunas personas a decir abiertamente que la trata no tiene nada que ver con la religión. "Cuando perdemos la práctica del Jesús histórico y olvidamos el anuncio del Reino, espiritualizamos la religión", según Mons. Spengler, que insiste en que "el Reino de Dios llega cuando la realidad comienza a ser transformada, cuando los pequeños empiezan a ser tratados como personas y tienen su espacio, no cuando la Iglesia está llena de gente ".

Como está ocurriendo en la mayoría de los encuentros en la región, los participantes del seminario han estudiado el Documento Preparatorio del Sínodo de la Amazonia, presentado por Márcia de Oliveira, única mujer asesora del Sínodo de la Amazonia. Este documento hace provocaciones que ayudan en el proceso sinodal, pues no podemos olvidar que uno de los aspectos fundamentales del proceso sinodal es una actitud de escucha.

Según los participantes del seminario, al hablar sobre las amenazas y dificultades para la vida, el territorio y la cultura, cabe destacar los grandes proyectos (mineras, carreteras, hidroeléctricas, deforestación, privatización del agua ...), los impactos del turismo (ambientales, crecimiento de la violencia, abuso y explotación sexual), el tráfico de drogas, donde también están involucrados niños, personas, armas y de riquezas naturales, el alto índice de suicidios entre la juventud, el alcoholismo, la corrupción, la falta de acceso a la comunicación en muchas las regiones, el alto coste de la vida y la falta de seguridad.

Junto con eso debe ser recogido por el Sínodo la práctica histórica de violencia y abuso contra la mujer, vista como objeto de intercambio y comercio, víctima de la violencia doméstica que genera conflictos en la vida de las familias, ámbito donde también está presente el abuso y explotación sexual. La Iglesia, que no siempre tiene una actitud profética, debe tomar postura al respeto de esas problemáticas.

En la reflexión aparecieron otros elementos importantes para la región y la Iglesia de la Amazonia, como el papel de la Iglesia dentro de los nuevos contextos presentes en la Amazonia (políticos, sociales, culturales, religiosos y económicos), las diferentes cosmovisiones, espiritualidades y sus expresiones. También es importante el acompañamiento de las vocaciones nativas considerando las culturas, lenguas, espiritualidades, cosmovisiones y teologías, dando cabida a los propios ancianos y sabios indígenas en esa formación.

La evangelización debe ser pautada por el conocimiento de la Palabra de Dios, buscando restaurar la dignidad humana, frente a las injusticias y desigualdades, siendo anunciadora y denunciadora. Debe ser superado un proceso ultra pasado, con una inversión a largo plazo que fomente una Iglesia involucrada en la realidad, con una mirada llena de compasión y misericordia, viendo en el prójimo a la persona de Jesús, teniendo la valentía de denunciar, de ser una Iglesia profética, que tiene voz y actúa en el rescate de la historia de los pueblos, respetando las culturas y no callándose en defensa de los bienes naturales y de las víctimas de la trata.

Los medios de comunicación deben ayudar a edificar una Iglesia con rostro amazónico en la medida en que promuevan y muestren la realidad propia de la Amazonia, con su pluralidad cultural y étnica, especialmente los trabajos positivos que se realizan, también en medio de los pueblos indígenas. Los medios de la Iglesia deben insistir en la divulgación de la acción misionera y del trabajo de las pastorales, hablando más de temas como trata, violencia contra la mujer y migración. En ese sentido, es necesario preparar comunicadores inculturados en la realidad amazónica.

En la Iglesia de la Amazonía la participación de las mujeres es decisiva. Por eso, es necesario un cambio de la mirada patriarcal y el machismo institucional de la Iglesia. La Iglesia amazónica tiene rostro femenino, pues en la base las mujeres realizan el trabajo misionero, especialmente en lugares lejanos (comunidades indígenas, rurales y asentamientos). Ellas no pueden ser inferiores y deben participar en las decisiones de la Iglesia, llegando a ser pedido la ordenación de las mujeres, pues como algunas de las presentes reconocen, las mujeres deben expresar sus legítimas aspiraciones. Los participantes han denunciado que los sacerdotes muchas veces, aunque van poco a las comunidades, desestructuran todo ese trabajo llevado a cabo por los laicos, especialmente por las mujeres. Por eso, hay que revisar la formación de los sacerdotes, que en general no valoran el trabajo de las mujeres.

Los intercambios realizados a lo largo del seminario ayudaron a mostrar el gran trabajo que se está desarrollando en el Regional Norte 1 de la CNBB por muchas religiosas, laicos y laicas, en las diferentes diócesis y prelaturas en lo que hace referencia al combate de la trata, explotación sexual de niños y adolescentes y el apoyo a los inmigrantes, cada vez más presentes en la región. Son signos de esperanza que nacen de una Iglesia viva en la Amazonia.

 

Fuente: Periodista Digital
Autor: Luis Miguel Modino
Puedes encontrar el artículo original aquí


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