El Papa Francisco habla en una entrevista sobre trabajo, economía, Europa y Migrantes


10 de septiembre 0 comentarios

Entrevista publicada en "Il Sole 24 Ore", lee la entrevista completa aquí.

Su Santidad, un antiguo proverbio africano afirma: “Si quieres ir rápido, camina solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Todos nosotros sabemos que las nuevas herramientas de la innovación tecnológica contribuyen a aumentar la velocidad de la comunicación –también entre las personas– y de la economía. Pero las crisis profundas que sobrevinieron, junto con una incertidumbre duradera y difusa, parecen haber limitado y ofuscado nuestros horizontes. En Gran Bretaña, nada menos, nació un ministerio que se ocupa de la “soledad”.
Haría suyo este proverbio?

Este proverbio expresa una verdad; el individuo puede obrar bien y correctamente, pero el crecimiento siempre es el resultado del compromiso de cada uno a favor del bien de la comunidad. De hecho, las capacidades individuales no pueden manifestarse fuera de un ambiente comunitario favorable, ya que no se puede pensar que el resultado logrado sea simplemente la suma de las capacidades de cada uno. Digo esto no para mortificar a los individuos ni para desconocer los talentos de cada uno, sino para ayudarnos a recordar que nadie puede vivir aislado de los demás o de forma independiente. La vida social no está compuesta por la suma de las individualidades, sino por el crecimiento de un pueblo.

¿Cómo se llega a ser “inclusivos”?

El primer paso para ser inclusivos es considerar la humanidad como una única familia. Estamos llamados a vivir juntos y a dar cabida para acoger la colaboración de todos. Si miramos a nuestro alrededor con el corazón abierto, no podemos dejar de notar las muchas, muchísimas historias preciosas de apoyo, cercanía, atención, gestos de gratuidad y tocamos con la mano que la solidaridad se propaga cada vez más. Si la comunidad en la que vivimos es nuestra familia, se hace cada vez más fácil evitar la rivalidad para abrazar la ayuda mutua. Como sucede con nuestras familias de origen, donde el crecimiento verdadero, el que no crea personas excluidas o descartadas, es el resultado de las relaciones sostenidas por la ternura y la misericordia, no por el afán de éxito y por la exclusión estratégica de quien nos rodea. La ciencia, la técnica, el progreso tecnológico pueden acelerar las acciones, pero el corazón es exclusivo de la persona para brindar un suplemento de amor en las relaciones y en las instituciones.
 

No tener un proyecto compartido sobre la reducción de las desigualdades en un sistema cada vez más globalizado puede determinar lo que Usted llama “la economía del descarte”, donde las mismas personas se convierten en “descartes”. En el último documento (“Oeconomicae et pecuniariae quaestiones - Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero”) la Santa Sede afirma que la economía “necesita una ética amiga de la persona para su correcto funcionamiento”. ¿Nos puede explicar este concepto?

Ante todo una aclaración sobre la idea de los descartes. Como he escrito en el Evangelii Gaudium: no se trata simplemente del fenómeno conocido como acción de explotación y opresión, sino de un nuevo fenómeno propiamente dicho. Con la acción de exclusión quedan afectados en su misma raíz los vínculos de pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues en ella ya no quedamos simplemente relegados en los bajos fondos de la existencia, en las periferias, o despojados de cada poder, sino que nos expulsan. Los excluidos no son explotados, sino completamente desechados, o sea, se consideran desechos, sobrantes y se expulsan de la sociedad. No podemos ignorar que una economía estructurada de esta forma es destructora, porque pone el dinero al centro y obedece solo a él: cuando la persona ya no ocupa la centralidad, cuando ganar dinero se convierte en el principal y único objetivo, nos colocamos fuera de la ética y se construyen estructuras de pobreza, esclavitud y descartes.

¿Astucia y bondad para luchar contra el ídolo-dinero? ¿Cómo se hace?

En este momento, el centro de nuestro sistema económico está ocupado por un ídolo, y esto no es positivo: luchemos todos juntos para que el centro esté ocupado más bien por la familia y las personas, y se pueda salir adelante sin perder la esperanza. La distribución y la participación en la riqueza producida, el establecimiento de la empresa en un territorio, la responsabilidad social, el bienestar empresarial, la igualdad de trato en materia de retribución entre hombres y mujeres, la armonización de los tiempos dedicados al trabajo y a la vida, el respeto del medio ambiente, el reconocimiento de la importancia del hombre respecto a la máquina, el reconocimiento del salario justo y la capacidad de innovación son elementos importantes que mantienen viva la dimensión comunitaria de una empresa. Perseguir un desarrollo integral requiere la atención hacia los temas que he apenas especificado.

¿Qué hace bien a la empresa?

El modo de pensar de la empresa influye notablemente en las decisiones de su organización, producción y distribución. Se puede decir que actuar bien respetando la dignidad de las personas y persiguiendo el bien común hace bien a la empresa. Existe siempre una correlación entre la acción del hombre y de la empresa, la acción del hombre y el futuro de una empresa. Recuerdo al Beato Pablo VI que tendré la satisfacción de proclamar santo el próximo 14 de octubre, que en la encíclica Populorum progressio escribía: «El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un eminente experto: “nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de la civilización en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”».

¿Cuál es la aportación que Usted pide a las empresas?

Las empresas pueden contribuir notablemente a conservar la dignidad del trabajo, reconociendo que el hombre es el recurso más importante de cada empresa, obrando para construir el bien común, dedicando atención a los pobres. Sé que muchas empresas dedican amplio espacio a la formación. Estoy convencido que sería muy provechoso para la empresa completar la formación técnica con una formación a los valores: solidaridad, ética, justicia, dignidad, sostenibilidad, cuyos significados son contenidos que enriquecen el pensamiento y la capacidad operativa. 

El mundo globalizado, en un cierto modo, redujo sus dimensiones, ahora hemos alcanzado los límites de lo que Usted llama nuestra casa común, es decir el planeta Tierra, tanto que se está pensando a la colonización de nuevos planetas. La ecología y un mundo sostenible son su gran preocupación y los grandes agentes económicos internacionales que se dedican a la producción de energía, partiendo de la compañía italiana Eni, anunciaron cambios radicales orientados a las actividades “verdes”. ¿Cree que se está haciendo bastante desde este punto de vista?

Todavía hay mucho por hacer para reducir aquellas conductas y acciones que no respetan el medio ambiente y la tierra. Estamos pagando el precio de una explotación de la tierra que dura desde hace muchos años. Lamentablemente, hasta el día de hoy, el hombre no actúa como custodio de la tierra sino como un tirano explotador. Pero hay señales de nueva atención hacia el ambiente; es una mentalidad compartida gradualmente por un número cada vez mayor de países. Es un recorrido que necesita un cuidado especial porque es necesario pasar de una descripción de los síntomas, al reconocimiento de la raíz humana de la crisis ecológica, de la atención por el ambiente a una ecología integral, de una idea de omnipotencia a la conciencia de la exigüidad de los recursos. El punto focal es que hablar del ambiente siempre significa hablar también del hombre: la degradación ambiental y la degradación humana van de la mano. Más bien, las consecuencias de la violación de la Creación a menudo se hacen pagar solo a los pobres. El desarrollo de la dimensión ecológica necesita la convergencia de varias acciones: políticas, culturales, sociales y productivas. En especial, la formación de una nueva conciencia ecológica necesita nuevos estilos de vida para construir un futuro armonioso, promover un desarrollo integral, reducir las desigualdades, descubrir los vínculos entre las criaturas, abandonar el consumismo.

Los migrantes que se desplazan de un continente al otro huyendo de las guerras o en busca de condiciones para vivir y sobrevivir son algunos de los “descartados” de la tierra. En un período histórico en el que las fronteras (incluso las comerciales) se cierran y prevalecen los nacionalismos en una Europa cansada y dividida, ¿Usted no se siente un poco como un Moisés contemporáneo que abre el paso, abre las puertas para todos los pueblos y las personas, empezando por los más pobres? Hay quien piensa que esta no es la misión del sucesor de Pedro. ¿Por qué cree que lo sea? ¿Qué necesita esta Europa para confluir en un camino común y avanzar juntos ofreciendo una respuesta a las preocupaciones de sus ciudadanos?

Hoy en día los migrantes representan un gran reto para todos. Los pobres que se desplazan infunden temor especialmente a los pueblos que viven en una condición de bienestar. Sin embargo, no existe futuro pacífico para la humanidad si no se pone en práctica la hospitalidad de la diversidad, la solidaridad, pensando a la humanidad como a una sola familia. Para un cristiano es natural reconocer a Jesús en cada persona. Cristo mismo nos pide acoger a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados con los brazos bien abiertos, quizás adhiriendo a la iniciativa que lancé en septiembre del año pasado. Share the Journey – Comparte el viaje. De hecho, el viaje se divide en dos: los que llegan a nuestra tierra, y nosotros que vamos hacia el corazón de quienes arriban para comprenderlos, entender su cultura, su lengua, sin desatender el contexto actual.

¿Cómo debe actuar Europa en la práctica?
Europa necesita esperanza y futuro. La apertura hacia los nuevos desafíos de las migraciones, impulsados por el viento de la esperanza, puede ayudar a construir un mundo en el que no se habla únicamente de números o instituciones, sino de personas. Entre los migrantes, como dice Usted, hay personas que buscan “condiciones para vivir o sobrevivir”. Para estas personas que huyen de la miseria y del hambre, muchos empresarios y un amplio número de instituciones europeas a las que no faltan genialidad y valentía, podrán emprender objetivos de inversión en formación, en sus países, de la escuela al desarrollo de auténticos sistemas culturales y, sobre todo, de trabajo. La inversión en trabajo significa acompañar la adquisición de competencias y el inicio de un desarrollo que pueda convertirse en un bien para los países todavía pobres, ofreciendo a esas personas la dignidad del trabajo y a su país la capacidad de entrelazar vínculos sociales positivos capaces de construir sociedades justas y democráticas.


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