Experiencia de misión en Cuba


19 de diciembre 0 comentarios

Es 1 de octubre y se cumple un mes desde que volví de la misión que las religiosas Dominicas de Granada tienen en Cuba, a la que fui enviada desde la Asociación Selvas Amazónicas.

Allí, las hermanas Amparo, Herminia y Matilde viven entregadas a las misiones en los “batelles” (lo que aquí denominamos pueblos) y a sus proyectos con los más pequeños del pueblo de Martí (Matanzas).

Yo he podido ser testigo de la obra que realizan y participar de la misma en el día a día durante los dos meses de verano: Llegué cuando aún no había comenzado el proyecto de verano “Dejad que los niños se acerquen a mí”, y vi cómo iban viniendo los niños, siendo casi 100 entre los tres y los trece años. Poco a poco fui conociéndoles, aprendiendo sus nombres y descubriendo las realidades detrás de cada uno.

Las Hermanas les ofrecen en la Iglesia un espacio donde recibir talleres de música, literatura, manualidades, informática, valores, deporte, inglés… Donde recibir catequesis y tener momentos de oración. Un lugar donde cada niño cuenta con dos meriendas y el almuerzo al día. Además tienen dos habitaciones habilitadas con literas y dotadas de aire acondicionado donde todos los pequeños pueden dormir la siesta en el momento del día de más calor.

Cuando tras algo más de un mes se dio por finalizado el proyecto (en el que yo como maestra, intuyo aprendí más de lo que pude enseñar), tanto Amparo como Herminia me dieron la oportunidad de descubrir su labor visitando a familias y enfermos, y dejando en cada casa siempre algo de comida.

No puedo negar que fue duro ver en qué condiciones tiene que vivir el cubano que menos tiene y que más necesita, pero mereció la pena y la alegría ver cómo todos ellos recibían a las Hermanas, cómo ellas con simplemente su escucha ayudaban y mermaban dolores, cómo con sus consejos encendían luz en la mirada de sus oyentes.

Hace un mes desde que regresé, pero siento que sigo estando más allí que aquí.

Es difícil olvidar el lugar en el que fuiste feliz, allá donde descubriste un Dios que abraza fuerte, manteniendo a su gente firme para que pese a todas las sombras puedan permanecer fuertes y unidos, iluminando incluso a los que llegábamos de una realidad diferente; la realidad de la conexión informática y la desconexión en valores.

Por todo ello debo dar gracias:

A los niños… gracias por haberme dejado ser una niña más y haber disfrutado con cada día y cada taller y juego.

Al equipo de maestros y sus coordinadoras… les debo las gracias por la acogida, por haberme mostrado Cuba de primera mano y haberme permitido vivir en ella como un más.

A Amparo, Herminia y Matilde… eternamente agradecida por aceptarme desde el primer día y enseñarme a vivir en misión. Ojalá sigan siendo ayuda y presencia, y sigan anunciando la Palabra a todo el que timbra su puerta.


A Dios, gracias siempre.

Olaya García Pedrosa
(Joven dominica)

 


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