El milagro se cumplió


1 de agosto 0 comentarios

"Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar: vino y leche de balde” Is 55,1

¡Qué fácil es ser cristiano con el estómago lleno! Eso pensaba mientras leíamos esta lectura en el rezo de laudes y recordaba las familias que hoy iban a ser desalojadas de los campos de las caña de azúcar tras décadas de trabajo en ellos. Desde el inicio del rezo Belén y yo tuvimos presentes a estas dos primeras familias que habían recibido la carta de desalojo. Ellos serían paradójicamente los "primeros de los últimos” …

¿Cómo habría pasado la noche esa señora? ¿Qué sentiría sabiendo que en unos días ella y su marido con Alzheimer deberían encontrar una alternativa entre la nada para poder llevarse sus cosas y alojarse en algún sitio medianamente digno?

Mi sentimientos encontrados se convirtieron en rabia cuando esa lectura de Isaías apareció en nuestra oración comunitaria: ¿Cómo eso va a ser posible? ¿Cómo leería ese texto esa mujer hoy?

Me parecía casi un insulto esa promesa después toda la pobreza estructural que había estado contemplando estos días en el Seybo. Pero también me parecía una vergüenza que estuviera rezando yo con esa lectura cuando jamás sabré lo que es ser pobre. ¡Que fácil resulta tener esperanza y creer en este texto cuando eres rico!

De fondo un olor a huevos fritos comenzaba a asomar por la capilla alentándonos de lo que nuestro desayuno sería hoy y mi “Cabreo” con ese Dios-Padre nuestro aumentaba…

Está claro que no es lo mismo leer el evangelio desde un lado del mundo que desde el otro, y también que "es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos” .

Ese inicio de mañana terminó con doble ración de huevos, y media de esperanza…

Pero eso no sería todo. A media mañana invitaron a Carmela a contar su caso en la radio y pude contemplar en primera fila y en silencio el sufrimiento y desesperación que transmitía en cada una de sus palabras. Las súplicas para lograr más tiempo y así buscar,y encontrar, recursos para poder marchar a un lugar eran constantes. La gente comenzó a llamar sin cesar empatizando con ella y pidiendo al dueño de la viña,-que no de las tierras-, que resolviera esa situación.

Todos en cabina seguían sin pestañear la entrevista que Israel estaba dirigiendo y yo en silencio seguía con mi rabia acumulada, hasta que otra llamada entró. Era Carlin. El dueño de la tierra que llamaba para explicar y, por qué no, también defenderse. Un silencio extremo invadió la cabina. Explicó las razones que le hacían desalojar esas casas.Comentó el uso de ellas por algunos para traficar, practicar la prostitución, subarrendar a otros… y él no deseaba todas esas situaciones en su propiedad privada. Después de un buen rato charlando surgieron dos nuevas promesas ( esta vez no en el libro de liturgia): Radio Seybo le acompañaría para verlo y poder separar el trigo y la cizaña y también denunciarlo y la más importante: a Carmela no se le movería de su casa. Todo ello se concretaría en una cena-Eucarística sin ritos ni liturgias en el comedor de la comunidad de Frailes en esa semana.

La alegría invadió el estudio de Radio Seybo y la gente comenzó a abrazarse y festejar la Bondad que habita en todo corazón humano y que en esa llamada asomó en el de Carlín. El milagro se había cumplido. Todavía sigo conmocionado de la lección que aprendí ese día y que Dios me regaló.

Carlos Luna OP

 


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