¡Alimentados por la Misión!


3 de septiembre 0 comentarios

Normalmente, en estas fechas estoy recién llegada de Misión y con la cabeza y el corazón más allí que en Madrid. La vuelta siempre cuesta: recreamos todo lo vivido con la esperanza de prolongarlo y de que la paz que uno trae tras vivir la experiencia de misión fuera, nos dure.

Este año, por primera desde 2006 no he podido marchar por la Covid 19 y me propuse como primer reto buscar lo que más valoro de estar en Misión: sentir a Dios cerca, ponerle en el centro y dejar que sea Él quien guíe mis pasos: ESCUCHARLE.

Los que hemos tenido el inmenso regalo de estar en las misiones, coincidimos en que sentir a ‘Dios en nosotros’ allí resulta muy fácil, fuera de la vorágine y las distracciones de aquí.

Una vez aceptado el primer reto- DIOS y yo en el mismo dial-, me puse manos a la obra con el segundo: trabajarme la manera de hacerlo realidad.

Para ello, basta con estar atento a todo lo que vivo en la misión y lo que me alimenta: la oración, la vida en comunidad, el silencio y la contemplación, combinado con la acción que es compromiso con uno y con los demás, descubrir a DIOS en los más desfavorecidos del planeta; mirar al otro sin dejar de mirar a DIOS; mirar al otro, con la mirada de DIOS.

He estado en unas cuantas misiones dominicanas con Selvas Amazónicas (Perú y su amazonía, Guinea Ecuatorial, República Dominicana,…) y en cualquier destino de misión el día empieza con la oración. Nos preparamos para recibir la jornada con las luces y las sombras que nos traiga. También hay espacio para preparar el día; a veces es tiempo de estudio, de descubrimiento o de organización (una actividad a desarrollar, una charla que preparar, una salida,… ). Hacemos nuestro el ‘Contemplad y Dad lo contemplado’ tan dominicano.

Vivir en comunidad es otro regalo de las misiones: el compromiso de sentirnos hermanos, compartiendo casa, comida, preocupación, conversación y tarea. Corresponsablemente asumir entre todos – frailes, hermanas, voluntarios, comunidad – lo necesario para que la convivencia sea fácil; en la tarea doméstica y en el vivir diario. Ese es parte del secreto para en Misión sentirme siempre en CASA.

Las sobremesas, los momentos de conversación con los misioneros, vivir de cerca su vocación y su vida desgastada en favor de los olvidados del mundo, me remueve y cuestiona; y enriquece mi vocación de vivir fiel a Cristo desde el carisma de Santo Domingo. Este año no he salido fuera, pero he seguido de cerca los pasos de nuestros misioneros, sus inquietudes y preocupaciones; nuestro deseo de sostenerles desde aquí: con las ayudas, ¡sí!; pero también con un mensaje, con una llamada… pendientes de ellos y de las comunidades. Sentirse en casa es también crear fraternidad; construir relación y al regreso, alimentarla y mantenerla.

Y todo siempre con la mirada puesta en los demás; estar atentos a lo que necesitan y dar lo mejor de nosotros mismos. Esto siempre es fácil si ponemos la emisora en modo Misión: mirar y escuchar desde Dios al hermano.

Este año, esa emisora, la he tenido que sintonizar desde aquí. ¿Interferencias? Muchas, ¡seguro!, pero tratando de ser fiel desde aquí a la MISIÓN; fiel a lo descubierto y vivido allí, de la mano de los misioneros; agradecida por todo lo que recibo de ellos y de Selvas Amazónicas.

Afortunada por el alimento de los muchos años de salir en Misión. MISIÓN es lo que SOMOS.

Carmen Calama – Voluntaria Misionera
 


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